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Abril 4 de 1884. Primera histerectomía con ovariotomía doble practicada en Cuba

Autor: Lic. José Antonio López Espinosa
Centro Nacional de Información de Ciencias Médicas

Se conoce por histerectomía a la operación consistente en extirpar el útero de modo parcial o total por vía vaginal o abdominal. Asimismo la ovariotomía es la extirpación quirúrgica de uno o ambos ovarios, o de un tumor ovárico, la cual se puede también realizar a través de la vagina o del abdomen. En este trabajo se abordan, en apretada síntesis, los detalles relativos a la primera vez que se ejecutó en Cuba la histerectomía con ovariotomía doble, así como a la atención prestada con posterioridad a la paciente.
Esta intervención se llevó a cabo el día 4 de abril de 1884 en la casa de salud Garcini por el doctor Francisco Cabrera Saavedra, un eminente cirujano nacido en Islas Canarias el 4 de noviembre de 1850, que se estableció en La Habana en 1875. Hasta 1884 sólo se habían practicado en la capital seis ovariotomías a partir de 1878, cuatro de ellas por el propio doctor Cabrera.
La paciente sometida a esa primera histerectomía fue una morena matancera multípara de 40 años de edad llamada Secundina Seidel, quien se presentó en la consulta del doctor Cabrera el 27 de marzo anterior. Luego de reconocerla, le diagnosticó fibromas internos, dos pediculados, uno derecho y otro izquierdo independientes entre si, con probables adherencias omentarias el mayor. Dado el desarrollo de la dolencia y los sufrimientos que ocasionaba a la paciente, consideró procedente la operación, a cuyo efecto se reunió con los doctores Valencia y Castro para someter su criterio a la consideración de ellos. Luego de la discusión, todos convinieron en operar.
A las 8:35 a.m. del día señalado el doctor Valencia comenzó a anestesiar con cloroformo y, tras comprobarse su asimilación por la paciente, de rasurarle el monte de Venus, de lavar su vientre con una solución fénica y vaciar su vejiga de orina, se procedió a la operación con una incisión realizada por el doctor Cabrera en la línea media equidistante unos dos centímetros del pubis y del anillo umbilical. A continuación fue dividiendo la piel, el tejido celular adiposo subcutáneo, la línea alba, el tejido celular adiposo, el supra peritoneal y el peritoneo sobre la sonda acanalada. Divididos los tejidos, se observó parte de un tumor duro de superficie lisa, color blanquecino y muy vascularizado por debajo de cuyo borde inferior interno se vio una asa de intestino delgado fuertemente distendida. Terminada la incisión de cerca de diez centímetros de longitud, el cirujano introdujo su mano en la cavidad abdominal con lo que pudo confirmar su diagnóstico. De inmediato utilizó una tijera curva para prolongar la extremidad superior de la incisión hasta unos cinco centímetros por debajo del apéndice cifoide.
Cuando existía espacio suficiente para la extracción de los tumores, procedió enseguida a hacerlo con el más pequeño, que tenía su extremidad más gruesa dirigida hacia atrás y ocupaba por su cara inferior toda la fosa ilíaca izquierda. Su forma semejante a una cuña, parecía calzar al mayor e imposibilitaba su salida. En virtud de que el pedículo del menor era corto y sumamente grueso y de que la neoplasia tiraba de la matriz hacia arriba y a la izquierda en el ángulo superior de la herida y no permitía el deslizamiento del gran fibroma, el doctor Cabrera hizo la extirpación entre dos ligaduras. Libre la matriz en la excavación pelviana, era todavía dificultosa la extracción del segundo tumor debido a sus exageradas dimensiones. Para poder realizarla, hubo que deslizarlo con fuerza con la mano hacia abajo y a la izquierda, de modo que su extremidad inferior se apoyara sobre la fosa ilíaca izquierda. Al tiempo que los doctores Secundino Castro y Jacobsen distendían el borde superior de la herida, Cabrera se encargaba de extraer la porción superior del tumor. Cuando parte de él estaba fuera del vientre, se observó que la mitad superior de su cara anterior estaba cubierta por firmes y abundantes adherencias al gran omento. La circulación de retorno tenía lugar por estas adherencias, en cuyo espesor había un enorme grupo de venas dispuestas de manera irregular, unas aisladas y otras formando vías anastomóticas, entre las cuales se distinguían seis o siete tan voluminosas que su calibre recordaba el de las venas axilares y subclavias. Cabrera formó dos grupos de esas venas que quedaron seccionados hacia su parte media por el termo-cauterio que cortaba entre dos fuertes ligaduras.
Libre ya de adherencias, se extrajo el tumor de la cavidad abdominal y, fuera ya esta segunda neoplasia, faltaba la extirpación de la matriz, cuyo volumen se veía bien aumentado, su superficie externa ocupada por cinco o seis fibromas pediculados y su espesor por cuatro o cinco intersticiales que abarcaban todo el cuerpo y descendían a la parte superior de la porción cervical del órgano. Se extrajo la matriz fuera de la cavidad abdominal, de manera que su porción cervical se apoyara en el ángulo inferior de la herida para, acto seguido, caer sobre los ligamentos anchos y practicar dos ligaduras a cada lado y de arriba abajo. Una de las ligaduras abarcaba el tercio superior del ligamento ancho a un centímetro y medio por fuera del borde de la matriz, mientras la otra ligadura se extendía de la parte inferior hasta la altura del tercio medio del cuello del útero.
Hecho esto en ambos lados, se pasó la aguja número 3 de Dinelafoy por la línea media del cuello y en su tercio medio desde atrás hacia delante con hilo de plata doble que, a su vez, portaba los hilos de seda fenicados. Ya pasados éstos y extraído el trocar, se ligaron los dos segmentos en los cuales se había dividido el cuello del útero, de manera que estos hilos se cruzaran y que cada uno pasara por el agujero más bajo de la ligadura inferior del correspondiente ligamento ancho. De ahí que la matriz quedara comprendida en una zona completamente isquémica y sus límites estuvieran formados por los tres lados de un trapecio, el menor de los cuales, de unos dos y medio a tres centímetros de diámetro, era inferior y estaba ocupado por el cuello del útero.
Los ligamentos de los lados derecho e izquierdo de la matriz se separaron con el termo-cauterio, se costearon sus bordes y se descendió hasta cerca de centímetro y medio sobre la ligadura del cuello seccionado transversalmente. Cauterizado el pedículo y los muñoncitos resultantes de las dos ligaduras que se hicieron en los ligamentos del útero; realizada la limpieza del peritoneo y comprobado que los intestinos ocupaban su lugar y que no había hemorragia, se cortaron los cabos de las ligaduras y se procedió a la oclusión abdominal con las dos suturas clásicas. La operación terminó con las precauciones que el caso requería y con la curación de rigor.
A las 10:15 a.m. se sacó a la paciente de la sala de operaciones, luego de que el doctor Valencia le aplicara dos inyecciones hipodérmicas de éter para elevar el puso que se hacía filiforme. A las 11:00 a.m., cuando el equipo de médicos que tomó parte en esta operación abandonó la casa de salud Garcini, la enferma tenía 36,5 grados de temperatura, 88 pulsaciones por minuto y 40 de ritmo respiratorio.
El fibroma más grande tenía 80 centímetros de circunferencia, 30 de diámetro longitudinal y 25 de diámetro transversal; el menor tenía 22 centímetros de largo, 15 de ancho y 10 de espesor; mientras la matriz tenía 15 centímetros de alto, 12 de ancho en su extremidad superior y 10 de espesor. El fibroma mayor pesaba 5 kilogramos y cuarto y la matriz un kilogramo y cuarto.
A los datos anteriores, referidos a la operación, se añaden a continuación los de la historia clínica postoperatoria, que reflejan lo siguiente:
Por la intranquilidad que presentaba la paciente horas después de operada, se le suministró a las 3:00 p.m. una inyección subcutánea de morfina. Además se le extrajeron 120 centímetros cúbicos de orina transparente con buen color y olor. Su temperatura era de 36,8, su pulso de 88 y su respiración de 32. Hasta las 7:00 p.m. se mantuvo tranquila y dormía a ratos. A esa hora tenía 37 de temperatura, 90 de pulso y 36 de respiración. De 7:00 a 11:00 p.m. estuvo algo intranquila y expulsó un vómito que coincidió con la ingestión de un caldo. Al chequearla presentó una temperatura de 38,1, un pulso de 96 y una respiración de 32. Entonces se le extrajeron 130 centímetros cúbicos de orina con buenos caracteres.
A las 5:00 a.m. del día 5 vomitó luego de ingerir un poco de caldo. Una hora después se le extrajeron 150 centímetros cúbicos de orina y la temperatura era de 37,5, el pulso de 100 y la respiración de 28. Hasta las 12:00 m. se mantuvo tranquila. En ese momento se le extrajeron 120 centímetros cúbicos de orina y mostró una temperatura de 38, un pulso de 100 y una respiración de 32. Entre las 12:00 m. y las 5:00 p.m. tuvo un vómito y a las 7:00 p.m. se le extrajeron 80 centímetros cúbicos de orina. Su temperatura era entonces de 38,1, su pulso de 104 y su respiración de 32.
La madrugada del día 6 la pasó algo intranquila y tuvo algunos vómitos. A las 12:00 se le extrajeron 90 centímetros cúbicos de orina y a las 6:00 a.m. tuvo 37,6 de temperatura, pulso pequeño y contraído de 124, respiración de 32 y algo de timpanismo abdominal. Hasta las 12:00 del día los vómitos se hicieron frecuentes y en ese momento se le extrajeron 90 centímetros cúbicos de orina. Tenía 38,1 de temperatura, 136 de pulso y 36 de respiración. Entre esa hora y las 7:00 p.m. los vómitos fueron menos frecuentes y entonces se le extrajeron 80 centímetros cúbicos de orina. La temperatura que mostraba era de 37,5, el pulso de 140 y la respiración de 36.
Durante la madrugada del día 7 los vómitos se hicieron pertinaces y el pulso se fue tornando cada vez más pequeño. A las 2:00 a.m. era éste de 160, a la vez que manifestaba una temperatura de 38 y una respiración de 42. A partir de esa hora aumentó el meteorismo abdominal, el pulso se tornó más rápido y filiforme y las sudoraciones fueron constantes hasta las 5:00 a.m., en que se produjo la muerte de la paciente, quien se mantuvo con uso de razón hasta ese último momento.
La enferma falleció al tercer día de la intervención, a pesar de que en ella se aplicaron todos los medios entonces disponibles de la ciencia; de la rapidez y la limpieza con que se efectuó; de la perfecta cicatrización de la herida y luego de haber mantenido la paciente un favorable estado en los dos primeros días que hizo presagiar el éxito.del tratamiento.
Este fue pues el resultado de la primera histerectomía con ovariotomía doble que se practicó en la isla de Cuba. Casi tres años después, exactamente el 18 de marzo de 1887, el doctor Cabrera informó ante la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana, haber llevado a cabo la primera operación de histerectomía abdominal con éxito inmediato y mediato.

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