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Agosto 13 de 1891. Graduación del doctor Francisco Domínguez Roldán en la Facultad de Medicina de París

Autor: Lic. José Antonio López Espinosa
Centro Nacional de Información de Ciencias Médicas

Existen muchos ejemplos de médicos cubanos de diferentes épocas que se han destacado en el aspecto asistencial, docente y científico -o en los tres a la vez. También son abundantes los nombres de galenos criollos que han brillado por su actitud ejemplar como patriotas en las distintas luchas por la independencia, o que han sido paradigmas por la dignidad y el decoro demostrados en el desempeño de funciones de dirección. Uno de los tantos modelos elocuentes que se pueden citar en este sentido es del doctor Francisco Faustino de la Caridad Domínguez Roldán (1864-1942), en quien se conjugaron desde su juventud hasta sus últimos días las virtudes de estudiante íntegro; de médico conscientemente comprometido con el cumplimiento de su deber como tal; de luchador de firmes convicciones por la libertad de su patria; de profesor de gran reputación en la Facultad de Medicina de la Universidad de La Habana, de la cual llegó a ser su Decano; de honesto Secretario (Ministro) de Instrucción Pública y Bellas Artes; de introductor de los estudios de radiología y fisioterapia en Cuba y de uno de los máximos defensores de la prioridad de la doctrina finlaísta en la conquista de la fiebre amarilla.
Los mencionados atributos convirtieron al doctor Domínguez Roldán en una de las personalidades médicas más interesantes del último tercio del siglo XIX y del primero del XX. A él se le dedica este trabajo para conmemorar el aniversario 115 de su graduación en la Facultad de Medicina de París, donde estudió por espacio de seis años luego de haber vencido la carrera con notas de sobresaliente en la Universidad de La Habana.
“Panchón”, como lo apodaron sus amigos, nació en La Habana el 15 de febrero de 1864. Fue el segundo de los seis hijos que tuvo el matrimonio constituido por Bernardo Domínguez Langenheim y Dolores Roldán Casanova. En 1877 se hizo bachiller en los Escolapios de Guanabacoa y, de inmediato, matriculó la carrera de Medicina en la Universidad de La Habana, donde obtuvo la Licenciatura en 1883 con notas de sobresaliente. Una vez graduado, estudió tres cursos de ampliación para perfeccionar sus conocimientos.
En virtud de que las autoridades de la metrópoli habían dispuesto que no se podía obtener el Doctorado en Medicina en La Habana, se vio obligado a viajar a España, donde logró obtener ese título en mayo de 1885 tras presentar la tesis titulada “Contribución al estudio de la fiebre amarilla”, para cuya elaboración le sirvió de motivación lo aprendido junto con su maestro y amigo, el doctor Carlos J. Finlay Barrés (1833-1915).
Terminados sus estudios en España, comprendió que le faltaba aún mucho por aprender. Por ello, en vez de regresar a Cuba para iniciar su carrera profesional, decidió viajar a Francia para matricular de nuevo la carrera médica en París desde el principio. Allí permaneció durante seis años más dedicado de lleno al estudio de la ciencia de preservar la salud y curar las enfermedades, hasta que llegó la fecha del 2 de julio de 1891.
Era un día caluroso de verano. El Anfiteatro de la Escuela de Medicina parisina se aprestaba a servir de sede a la discusión de la tesis presentada con el título “Contribution a l’ etude des Kystes de l’ epidydime” (Contribución al estudio de los quistes del epidídimo), trabajo preparado por Francisco Domínguez Roldán como aspirante al título de Doctor en Medicina. El candidato, un hombre de 27 años, de mediana estatura y vestido elegantemente, comenzó su exposición en francés con una voz dotada de un acento cubano, pero seguro de sí mismo con las siguientes palabras (traducidas al español):

“Señor Presidente del Tribunal; señores Jueces: tengo el honor de presentarles mi tesis para el Doctorado en Medicina de la Facultad de París. La dedico a mi padre, a mi madre. Se titula “Contribución al estudio de los quistes del epidídimo”.

Tanto la disertación como la discusión de la tesis fueron exitosas. “Panchón” mandó a imprimir el texto de su trabajo para enviar copias a las Universidades de Madrid y de La Habana y a sus familiares. Luego de un total de 13 años dedicados al estudio de la Medicina, ya se sentía seguro y con los conocimientos necesarios para ejercerla dignamente. Estaba ya preparado para satisfacer con justicia su ambición de siempre de “cuidar y salvar a los enfermos y mejorar las condiciones sociales de su patria”. Por eso rechazó las ofertas de profesores y compañeros de estudios, entre ellos su compatriota Joaquín Albarrán Domínguez (1860-1912), de permanecer en el país galo para ejercer allí la profesión médica. A ellos respondió en los siguientes términos: “Cuba es pequeña, esclavizada; necesita que sus hijos se sacrifiquen para independizarla y engrandecerla”.
A los 42 días de esa fecha, el 13 de agosto de 1891, “Panchón” recibió el título, firmado por el Ministro de Instrucción Pública de Francia, que lo acreditaba como Doctor en Medicina egresado de la Facultad de Medicina de la Universidad de París. Ese día se graduó oficialmente en la patria de Lavoisier, Pasteur, Becquerel y Bernard el que luego fue un eficiente médico y un carismático profesor, además de un valeroso oficial mambí y un honesto Ministro quien, por sus valiosos aportes en el estudio de las radiaciones en sus aplicaciones al diagnóstico y tratamiento de las enfermedades, muchos de los cuales fueron primicias, se ha considerado con justicia como el “padre de la Radiología en Cuba”. Inclusive, varios radiólogos de épocas posteriores a la que le tocó vivir a él han coincidido al afirmar que su mayor contribución a la Radiología fue su exploración mantenida en relación con las nuevas posibilidades de su aplicación, sobre todo en la radioterapia del cáncer. Asimismo muchos sostienen que la labor lúcida y con perspectiva de futuro por él desplegada, contribuyó de manera notable al desarrollo posterior de la disciplina.
Los párrafos dedicados en este trabajo a su faceta de estudiante de pregrado, han querido pues recordar la fecha memorable del 13 de agosto de 1891, la cual marcó el final de una etapa importante de su vida y el inicio de otra que dedicó sin descanso a prolongar y salvar la vida de sus semejantes, hasta su muerte ocurrida de modo sorpresivo por un autobús que lo atropelló el 25 de abril de 1942.

BIBLIOGRAFÍA

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Republique Française. Diplome de Docteur en Medecine au Sieur François Domínguez, á Paris le 13 Aout 1891.