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Br. Francisco González del Álamo y Martínez de Figueroa (1675-1728)

Dr. José López Sánchez y Lic José Antonio López Espinosa
Centro Nacional de Información de Ciencias Médicas

Para todo el que emprende el intrincado camino de la investigación constituye, además de un justificado motivo de satisfacción, un acto de justicia poder llegar a un resultado con el cual se logre arrancar del olvido los nombres de personalidades que con su consagración y esfuerzo han contribuido de manera relevante al desarrollo de una rama del conocimiento; mucho más si se trata de individuos, cuyos aportes en tal sentido han trascendido a través del tiempo y los hace merecedores de ocupar un lugar prominente para la posteridad.
Con este trabajo se trata de impedir que se desconozca el paso por la vida del bachiller en Medicina Francisco González del Álamo y Martínez de Figueroa, un cubano cuya obra fue una primicia en el proceso que posibilitó convertir a la Medicina en la isla de Cuba de un simple arte de curar en una ciencia, pues fue el iniciador de la enseñanza de esa disciplina al nivel superior dos años antes de la inauguración de la Real y Pontificia Universidad del Máximo Doctor San Jerónimo de La Habana.
Este prócer de la docencia médica nació en La Habana el 3 de febrero de 1675, fruto de la unión del Capitán Lázaro González del Álamo y María Josefa Martínez de Figueroa. Hizo los estudios en la Universidad de México, donde se graduó de Bachiller en Medicina el 28 de abril de 1699. Tras ser examinado y aprobado por el Real Tribunal del Protomedicato de la capital azteca el 24 de mayo de 1700, regresó a La Habana cuyo Cabildo lo autorizó el 4 de noviembre del mismo año a ejercer su profesión, previa comprobación de su título por los doctores Francisco Moreno de Alba y Francisco Teneza Rubira.
El 3 de junio de 1711 informó al Ayuntamiento haber impreso un tratado en relación con una consulta que hizo en 1706 “sobre si la carne de puerco cebada sea dañosa y causa de la epidemia y varias enfermedades que ha padecido esta ciudad”. Respecto al título y al lugar y fecha de impresión del documento, se ha establecido una polémica entre los bibliógrafos y, aunque éste aún no ha aparecido, en las Actas Capitulares del Ayuntamiento consta que su autor donó algunos ejemplares, que “se ordenaron fijar en los autos de la sesión de ese día”. Ello prueba que la publicación, cuya impresión casi todos los estudiosos del problema han coincidido en admitir se produjo en Ciudad México, convirtió al bachiller González del Álamo en el primer publicista médico cubano.
El 12 de enero de 1726 inauguró el primer curso de Medicina que se impartió en Cuba en el Convento de San Juan de Letrán, en virtud de la licencia otorgada a tal efecto por el Muy Reverendo Padre Maestro Fr. Thomas de Linares, Prior de ese Convento, quien tenía ya la autorización para fundar una Universidad que funcionaría en el mismo establecimiento. Sus primeros discípulos fueron tres jóvenes que a la sazón cursaban estudios de Teología para la carrera eclesiástica, en la cual habían alcanzado ya órdenes menores. Estos jóvenes, que se desviaron del camino que habían tomado de inicio al ver abiertos nuevos horizontes, se incorporaron más tarde con su profesor al colectivo que integró el primer claustro médico de la Universidad de La Habana, después de convertirse en los primeros cubanos graduados de médicos en esa institución.
Al llegar la noticia de que el breve de concesión de la Universidad había recibido el Pase Real, se procedió a formar el claustro y a González del Álamo se le designó catedrático de Prima (Fisiología), la más importante de las materias del currículo, como justa recompensa a su reconocido talento y a su demostrada afición a la enseñanza. Sin embargo, aunque fue el primero en ocupar esa cátedra, no pudo ser el primero en explicarla después de creada la Facultad, por haber fallecido antes del comienzo del curso docente en la recién inaugurada Universidad, hecho que le impidió también obtener los grados mayores de Licenciado y de Doctor en Medicina, a los cuales tenía derecho por su condición de catedrático.
De su ejercicio como médico asistencial la única información disponible es que compartía con el doctor Teneza la aplicación de sangrías. También se conoce que terció en un pleito contra el boticario Lázaro del Rey y que le prohibió a sus pacientes la compra de medicinas en su botica, según él, por la mala preparación de sus fármacos.
El 26 de febrero de 1701 había contraído matrimonio con María Josefa de Viera Lizaldo y se le conocía con el sobrenombre de Chauchau.
Su muerte se produjo el 2 de marzo de 1728 y fue enterrado ese mismo día en el propio Convento de San Juan de Letrán, con hábito del Señor Santo Domingo de Guzmán, a cuya orden tercera de penitencia pertenecía.
Con su deceso dejó de existir una personalidad, a la que la historia de la Medicina cubana le es deudora de una de sus más brillantes páginas, pues es a él precisamente a quien se le debe que haya sido esta la primera disciplina impartida en el país con carácter profesional.

BIBLIOGRAFÍA 

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----. Libro 3 de matrimonios, folio 380, número 13. 
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