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Historia de la Medicina

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La actividad farmacéutica en Santiago de Cuba colonial

Dr. Carlos Rafael Fleitas Salazar. Especialista de Segundo Grado en Anestesiología, Hospital "Saturnino Lora", Santiago de Cuba.
 
RESUMEN:
Las boticas eran los establecimientos públicos dedicados preferentemente al expendio de sustancias medicinales, antecesores de las actuales farmacias, y que tuvieron un rol importante en la historia cotidiana de las ciudades hispanoamericanas durante la colonia. Se realizó un estudio histórico cronológico, analítico, bibliográfico y documental sobre el surgimiento de la actividad farmacéutica en la ciudad de Santiago de Cuba, y las características más importantes de este ramo en el período señalado. Encontramos que los primeros médicos que se asentaron en la ciudad fueron quienes introdujeron la ciencia farmacéutica europea, hasta el año 1735 en que el maestro boticario Juan Saco y Quiroga hizo valer su título expedido por el Protomedicato de España, y trajo a Santiago de Cuba la Tarifa General de Precios de Medicina, con ello acabaron los abusos a que se veía sometida la población respecto a los precios de los medicamentos. No fue hasta el siglo XIX que la actividad farmacéutica alcanzó su mayoría de edad, cuando aumentó el número de farmacias, se luchó contra el intrusismo profesional, y las boticas comenzaron a despojarse de otras actividades mercantiles. Esto estuvo influido por la fundación de las Reales Juntas Gubernativas de Farmacia primero, y por la creación de la Facultad de Farmacia en la Universidad de La Habana. El propio Ayuntamiento reguló todo lo concerniente a este ramo, dado el interés que ello deparaba hacia la salud pública. Al culminar la Guerra Hispano Cubano Norteamericana, los farmacéuticos santiagueros se unieron en su Colegio de Farmacéuticos, encabezado por el General de Brigada del Ejército Libertador, Lic. Tomás Padró, iniciando un período superior en la actividad farmacéutica en el territorio.

INTRODUCCION

Se plantea que en la evolución de la Farmacia hay cuatro etapas, una primera de gestación, vinculada directamente a los médicos; hacia los siglos XI y XII se dio una segunda etapa en la cual se separa la labor médica de la práctica farmacéutica, pero siempre bajo la inspección de los médicos; la tercera etapa corresponde con la plena autonomía de los farmacéuticos, se ordenan en facultades, con sus propios tribunales y legislación; una cuarta etapa está vinculada a la evolución científica de la química y su influencia sobre los preparados medicinales, aparecen los laboratorios químico-farmacéuticos. Para López Sánchez el siglo XVI fue glorioso en la historia de la farmacia, pues en él quedó atrás la alquimia y se produjeron cambios que llevaron la actividad farmacéutica a tener un papel diferenciado como coadyuvante del médico.1,2 Cuando en 1220 el emperador de Alemania y rey de las Dos Sicilias Federico II promulgó en Nápoles la ley de separación de la medicina y la farmacia, sentó las bases para que en Europa se comenzaran a emitir reglamentos que convertirían a la farmacia en una profesión independiente.
Fue costumbre en Cuba hasta el siglo pasado utilizar preferentemente el término botica para designar a las farmacias; la raíz griega de la palabra botica significa almacenar, depositar, en nuestra lengua devino adjetivo para denominar al sitio en que se hacen y venden las medicinas o remedios para la curación de las enfermedades3; pero también era tienda de mercader, en que se vendían distintos efectos y drogas en general, de ahí el dicho popular “haber de todo como en botica”. Así fueron nuestras farmacias hasta finales del siglo XIX, en que se fueron despojando dichos establecimientos de otras actividades comerciales no relacionadas con la medicina.
Para los tiempos de la conquista de Cuba, la farmacia europea había entrado en contacto con el saber de los árabes, quienes a partir del siglo VII con la figura de Mussah-Jasaral-Soli (Giber) hasta Ibn al-Baytār en el siglo XIII – el más importante farmacólogo y botánico árabe - habían incorporado la química, e introdujeron términos como alcohol, alcanfor, jarabe, entre otros.4,5,6,7 Es mi criterio que la farmacopea española tomó del legado árabe el papel social de esta actividad, lo cierto es que los boticarios tuvieron un rol importante en la vida cotidiana de Hispanoamérica colonial, pese a estar bajo la tutela de los médicos, cuando los había, dado que es conocido el precario estado de esta profesión en Santiago de Cuba durante los siglos XVI y XVII, que no fue mejor para el ramo de farmacia.8

DESARROLLO

Tanto el maestre Domingo como el licenciado Alcázar – los primeros médicos que ejercieron su profesión en la ciudad de Santiago de Cuba en su primera década de fundación - se vieron obligados a preparar ellos mismos sus récipes8, luego como expresara el obispo Fray Diego Sarmiento no hubo médico, cirujano ni botica, situación que hubo de lamentar la villa todo un siglo; mientras en La Habana se instalaron varios boticarios, y el belga Carlos Habré daba a la luz el 11 de enero de 1723 nuestro primer impreso, la Tarifa General de Precios de Medicina, el cabildo santiaguero se quejaba de “no haver en esta ciudad Botica ni quien lo pueda administrar”9, razón de la cual se valió D. Juan Saco y Quiroga para hacer valer al año siguiente su título de boticario despachado por el Real Protomedicato de España y pasado por el de La Habana.10,11 Fue este señor quien trajo a la ciudad el arancel para el precio de las medicinas elaborado por el protomédico habanero Francisco de Teneza con la ayuda de tres boticarios, y que como dije constituye el más antiguo impreso cubano.12,13
Parece ser que los médicos que para entonces estaban en Santiago preferían seguir preparando sus medicamentos, o que el recién instalado maestro boticario quiso prevenir que ello ocurriese en el futuro, pues hizo llegar al Muy Ilustre Ayuntamiento un escrito, el cual una vez leído motivó el acuerdo de “[…] q en caso q sea necesario componer algunas medisinas solo esta se deven sacar de la Botica por q su composicion pende del ofisio de dho Boticario y asi se les haga saber a los q ejercen la medisina dejando q lo ejecute dho Boticario como q es desu oficio […]”.14 Esto obedece a que ya se había comenzado a delimitar el radio de acción de cada uno, y era el boticario el individuo por cuya cuenta corría la preparación del medicamento según lo formulado por el médico sin cambiar en nada lo prescrito.15
No fue hasta marzo de 1747 que llegó un nuevo maestro boticario, se trató de D. Juan José Henríquez, quien procedía de Portobelo, y el Cabildo encargó se le examinara por dos médicos profesionales, el doctor D. Felipe Segura y el bachiller D. Juan Saco, dado que el solicitante había dejado su título en Cartagena.16,17 Luego, en 1772, Fray Gerónimo de la Concepción solicitó poner botica en el Hospital que regenteaba la Orden Betlemítica y vender el sobrante a los vecinos.18,19
Hasta entonces era el órgano municipal de gobierno quien tenía la atribución de inspeccionar las farmacias, o autorizar el cultivo de plantas medicinales. Empero, justo a partir de 1772 la ciudad contó con su protomédico, y era este el encargado de los exámenes a los boticarios, fiscalizar su labor y velar por los aranceles de los medicamentos.20 En lo que resta del siglo XVIII presentaron sus títulos de maestros farmacéuticos D. Juan Carbonell y D. Rafael Baxén, mas en el año de 1800 cuando D. Antonio María Navarro vino a poner su botica, había solo una en la ciudad.21,22
Con las dos primeras décadas del siglo XIX terminó la angustia que naturalmente generaba la ausencia o poca sistematicidad en la permanencia de boticas y boticarios, y ya en 1827 en Santiago de Cuba había diez boticas. Pero si bien continuaron acudiendo boticarios a presentar sus títulos y sentar reales, en cambio no se resolvieron aun otros problemas que aquejaban al ramo. Uno de ellos fue la constante afluencia de charlatanes e innovadores de toda índole, que con la pretensión de expender milagrosas “novedades” timaban a la población, ante lo cual el gobierno local hubo de reaccionar, prohibiendo el 18 de septiembre de 1820 la venta de dichos medicamentos.
Otro problema acuciante era la carencia de medicamentos – regularmente eran traídos de España -, esto se intentó paliar compulsando la siembra y recolección de plantas medicinales, empeño al cual se sumó la Sociedad Económica de Amigos del País de Santiago de Cuba, que preconizó el uso del guaco, hoja de vaca, bejuco del ajo, el guatamare y la hierba de calentura, entre otros. Contra la profesionalidad de la farmacia santiaguera también conspiraba el intrusismo, hasta en tabernas y pulperías se podía adquirir un medicamento, de ahí que el Ayuntamiento circuló en 1814 que las boticas debían mantener un surtido adecuado de medicamentos, y que ningún otro establecimiento los podía comerciar, según establecía un bando del gobernador provincial D. Pedro Suárez de Urbina respondiendo al reclamo de la Junta de Sanidad en su reunión del 1ro. de abril del referido año.23,24,25,26 Fueron la Ley de Sanidad de 1855 y las Ordenanzas de Farmacia de 1860 las que lograron hasta cierto punto el control de “específicos y remedios por parte de la clase médica”15, pero una cosa era la Península y otra la Colonia. Las Ordenanzas del Término Municipal de Santiago de Cuba del año 1881 dedicaron la sección segunda del capítulo quinto a las sustancias medicinales, en veintidós artículos estipularon todo lo concernientes a la actividad farmacéutica, desde las condiciones que debían reunir las recetas de los facultativos hasta la elaboración y expendio del medicamento, tomando como base que “Las sustancias medicinales pueden convertirse en agentes morbosos por diferentes causas, que debe precaver la Administración Municipal en su interés higiénico por la salud pública”.27 Un mejor control del ramo de farmacia lo constituyó el nombramiento de un 5º oficial real de vista farmacéutico en la Aduana, que era un departamento de la Junta Provincial de Hacienda, y aunque esto fue estipulado desde que se hizo la reforma en la Intendencia de Hacienda tras la Constitución de 1812, el primero de quien tengo noticia que ocupara este cargo fue el farmacéutico D. Francisco Padró en 1884, relevado ese mismo año por D. Ángel Norma de las Cuevas.
Dos hechos vinieron a revolucionar la ciencia farmacéutica en Cuba: la creación de la Real Junta Superior Gubernativa de Farmacia, y de la Facultad de Farmacia en la Real y Literaria Universidad de La Habana. La Junta, aunque de vida efímera, dejó su impronta al limitar el intrusismo profesional y propiciar cursos para instruir a los interesados, que se concretarían en 1842 cuando con la secularización de la enseñanza superior en la isla fueron elevados al rango universitario los estudios de esta especialidad.28,29
En Santiago de Cuba fungieron como subdelegados de farmacia Tomás Padró (1834), José Pérez (1853), Félix Benjamín Carbonell (1862), Jaime Padró (1886), Antonio María Guerrero (1892), y en 1867 habían acreditados nueve profesores de farmacia, entre ellos Tomás, Francisco y Jaime Padró, y Julio Trenard30,31,32 , quienes se corresponderían con las nueve boticas inscriptas como establecimientos mercantiles de 2da. clase.33,34
Luis Carlos Bottino y Duzán presentó su título de Licenciado en Farmacia en noviembre de 1873, y en junio de 1887 abrió el establecimiento que se ha convertido en insignia de las droguerías santiagueras, la Farmacia Bottino, en San Basilio esquina a Santo Tomás, dos céntricas calles de Santiago de Cuba; allí no se limitó a la actividad comercial, sino también fue centro de novedades científicas y tecnológicas como lo fue la instalación de la primera planta eléctrica de la ciudad el 28 de junio de 1887, y fue providencial su actividad filantrópica, al suministrar medicinas gratis a pobres y menesterosos. Falleció L.C. Bottino el 5 de diciembre de 1894.35,36,37,38
No fue privativo del Lic. Bottino la ayuda a los menesterosos, los farmacéuticos santiagueros no vivieron de espaldas a la difícil situación política, económica y social que se vivía, muestra de ello es el arresto, procesamiento y ulterior encarcelamiento del lic. Teobaldo Trenard en 1871 por complicidad con la gesta libertadora y en 1895 fue detenido D. Santiago Esteban, dueño de la farmacia Santiago, acusado de facilitar medicinas a los mambises. El más connotado independentista de los farmacéuticos santiagueros fue el licenciado Tomás Padró Sánchez-Griñán, este obtuvo los grados de General de brigada del Ejército Libertador durante la Guerra del 95.
Durante la centuria, las boticas devinieron también en una especie de enfermería o centro de primeros auxilios a lesionados, la prensa de la época recoge casos como el del Lic. Jaime Padró que salvó la vida a un niño que cayó en un pozo.39,40,41 Esa misma prensa obtenía ganancias nada desdeñables con la publicación de los anuncios de boticas y droguerías como este:
Aviso a los médicos
En la Botica Carbonell calle de las Enramadas n. 7, se encuentra un constante surtido de
Aguas medicinales de todas clases destiladas mensualmente en el mismo establecimiento.
Aparatos de goma. Orinales para enfermos de ambos sexos. Orinales portátiles para los que padecen de incontinencia. Fajas para viajeros.
Pezoneras, tiraleches con tubo y sin él, inyectadores para oídos y vajina, ventosas, pesarios, id. con insuflador, gorras para hielo, tubos de goma, biberones, tetos de varias clases, cojines de viento, jeringas de diversos sistemas, bragueros y aparatos de formas diferentes.42
Empero, si en 1800 se vendía el café en las boticas, en las postrimerías de la centuria las farmacias seguían expendiendo todo tipo de mercaderías:
Botica La Luz
Farmacia Española
Calle de San Tadeo número 57
En esta casa se encuentra constantemente un surtido de Drogas, Especialidades farmacéuticas y productos químicos franceses e ingleses. Efectos de goma y cristal, Idem para la lactancia, bolsas de cirugía, máquinas electro-magnéticas, atomisadores magicos – areómetros, termómetros clínicos, grageas y pastillas de todas clases, aguas minerales españolas y estranjeras, perfumería de Labin y varias clases, perfumadores y cruces de goma.43
Para el año 1882 existían en toda la provincia 22 farmacéuticos, diez en Santiago de Cuba, dos en Gibara, tres en Manzanillo, dos en Guantánamo, dos en Holguín, dos en Baracoa y uno en Puerto Padre44, lo cual era un cuadro nada halagüeño para tan grande territorio.
Para instalar una farmacia el interesado debía abrir un expediente en el Ayuntamiento, el cual constaba de la solicitud con los datos del farmacéutico, el título universitario, un plano de la farmacia, el aval del párroco, y un petitorio o lista de todo el instrumental y sustancias de que se contaría. Cuando el solicitante cumplía los requisitos exigidos de inmediato el alcalde pasaba el expediente al Subdelegado de farmacia, quien procedía a la visita del local en compañía dos o tres testigos que debían ser profesores de medicina y cirugía, el subdelegado de veterinaria y el secretario del ayuntamiento; en ocasiones el propio alcalde participaba de la visita. El solicitante pagaba un arancel al subdelegado de farmacia por concepto de la visita de inspección, que solía ser de 12 pesos con 50 centavos. Posteriormente si el establecimiento reunía las condiciones necesarias de capacidad, aseo y ventilación, se notificaba la aprobación por parte del Secretario del ayuntamiento y se devolvía el título al farmacéutico.
Las farmacias santiagueras eran por lo regular edificaciones de una sola planta, constaban de un salón de venta donde se colocaban uno o dos mostradores y la estantería, otras dependencias eran: un laboratorio, la llamada rebotica que era donde se almacenaban los medicamentos listos para la venta y un almacén o depósito. Una excepción fue la farmacia que abrió D. Antonio de Macias, natural de Madrid y Doctor en Farmacia de la Armada, cuyo establecimiento ubicado en la calle de Sagarra baja No. 1 poseía dos plantas, en la superior estaban el almacén, el laboratorio, una biblioteca y el dormitorio del dueño.
En los petitorios se enuncia una larga lista de sustancias simples y medicamentos oficinales. Por lo regular las farmacias de esta localidad disponían de todo un surtido de sales como acetatos, cloruros, nitratos, oxalatos y sulfatos; ungüentos, aceites (de hígado de bacalao, lino, oliva, ricino, cacao, nuez moscada, alcanforados, etc.), bálsamos (de tolú, belladona, benjuí), extractos (de belladona, cornezuelo de centeno, digital, genciana, opio, quina, ruibarbo, valeriana, zarzaparrilla), flores (de amapola, manzanilla, naranjo, sanguinaria, saúco, tilo, violeta), resinas, hojas (de laurel, beleño, llantén, menta, sen, salvia, etc.), raíces (de altea, árnica, cinoglosa, ipecacuana, jalapa), entre otras sustancias orgánicas, inorgánicas y naturales.
La actividad farmacéutica implica una dualidad de intereses, pues si bien precisa del vínculo constante con los adelantos científico-técnicos de la química, la botánica, la farmacognosia, la farmacología – suma de conocimientos relativos a los medicamentos y su acción sobre el organismo – y la farmacopea – arte de preparar los medicamentos -, no puede desvincularse de su interés económico. Para esto último nuestros boticarios se regían por los aranceles o tarifas de precios vigentes; sin embargo, para la preparación de los récipes debían atenerse a la Farmacopea Española, libro que contenía las reglas y preceptos que debían cumplirse en la preparación de los medicamentos oficinales, los galénicos – o de composición no definida – y los químicos o de composición definida. El primero de estos libros en la península vio la luz en Valencia (1603), siguiéndole los de León (1674) y Barcelona (1688). La primera edición de la Pharmacopoeia matritense data de 1739, respuesta tardía a una pragmática emitida en 1593 por Felipe II; tuvo una segunda edición en 1762 y una tercera en 1803; la cuarta edición (1817) ya se titula Farmacopoea hispana, y continuaron sus ediciones en los años 1865 y 1884, respondiendo a las Ordenanzas vigentes para el ejercicio de la profesión de Farmacia y comercio de drogas y plantas medicinales, dadas por Real Orden del 4 de Enero de 1883.45
Lamentablemente, según palabras del doctor Peset Cervera – pronunciadas ante la Academia de Medicina de Valencia en enero de 1889 – la Farmacopea española era “[…] una amalgama de oro y cieno. Doloroso es confesarlo, pero no está a la altura de este esplendoroso siglo […].”45 Todavía se utilizaban sustancias para entonces desechadas en otros países, drogas inútiles o peligrosas – como el antimonio – y toda una retahíla de seudo remedios. En el amplio camino abierto por la ciencia positivista, regenteado por la química, tuvo su propio derrotero el control de las enfermedades, gracias a la moderna farmacología química, que proporcionó una miríada de nuevos medicamentos. Empero, la farmacia no renunció a los preparados galénicos, elaborados a partir de productos vegetales junto a productos animales o minerales. Las plantas medicinales han tenido un rol vital y perenne en todo el devenir histórico de la medicina, desde los tiempos del chamanismo, le cupo al griego Pedacius Dioscórides asentarlas definitivamente en la terapéutica oficial con su inmensa compilación De materia medica, Galeno preconizó su uso mas le añadió otros ingredientes de naturaleza animal o mineral, ya recomendados por Mitrídates.46 Las farmacias santiagueras del siglo XIX expendían el Pectoral de Anacahuita, como remedio infalible para todas las enfermedades “de la garganta, pecho y pulmones”, cuya “operacion se ve en la inmediata segregacion de la irritacion local en las afecciones bronquiales, pneumonia, toses secas, catarro, dolor de garganta, y otras dolencias de este tipo.” Para lograr el alivio inmediato se recomendaba mezclar dos cucharadas del Pectoral con una de Aceite de Hígado de Bacalao puro y fresco; dicho aceite era muy indicado para los tísicos al igual que para los enfermos de la garganta y los pulmones. Estaba también el aceite ferruginoso de hígado de bacalao – recomendable “[…] en los casos de anemia, clorosis, hidropesías, hinchasones y en general para todas las enfermedades que provienen de empobrecimiento de la sangre” – difundido por la Botica Carbonell cita en la calle Enramadas baja n. 7. También se vendía la Zarzaparrilla de Bristol, descubierta en 1832, “para enfermedades que tienen su origen en la sangre corrompida y humores viciados”.47,48
Desde los tiempos de Galeno se utilizaron ampliamente en la terapéutica las sangrías y producción de hemorragias, de ahí se puso en boga la aplicación de sanguijuelas, a lo cual colaboró mucho la doctrina de Francisco Victorio Broussais (1772-1838), de amplia difusión en Hispanoamérica.49 No faltarían nunca en Santiago de Cuba los suministros de sanguijuelas dragonas, cual lo anunciaban la Botica y droguería de Trenard, calle Marina n. 26, o la Droguería del Comercio, en Marina baja n. 43. También se caracterizaron las farmacias santiagueras por expender medicamentos homeopáticos desde la segunda mitad del siglo XIX, cuando esta modalidad terapéutica cobró adeptos en la ciudad.
Los años de 1895 a 1898 fueron difíciles para la actividad farmacéutica en Santiago de Cuba, ensombrecidos por la sobrecarga de población que causó la reconcentración, y la carencia de recursos que se profundizó con el bloqueo naval norteamericano. Una vez culminada la guerra el cuadro era horroroso en esta ciudad, “[…] las boticas repletas de gente en solicitud de cordiales, costaba trabajo y tiempo el ser despachado en las farmacias”.50
En medio del ímpetu de recuperación y transformación que propició la voluntad política del gobernador norteamericano Leonardo Wood, el 24 de octubre de 1898 se efectuó la primera reunión para constituir el Colegio de Farmacéuticos del Departamento de Santiago de Cuba. La idea fue de los licenciados Francisco Durruty Lee y Luis Mestre Díaz, y fueron once los fundadores, los dos citados junto a Silvestre del Castillo Bravo, Teobaldo Trenard Enfouse, Tomás Padró Griñán, Osvaldo Morales Fulleda, José Camacho Padró, Ángel Norma de las Cuevas, Manuel Planas Tur, Porfirio Carcasés Acosta y Juan Ravelo Asensio. Este colegio tuvo en pocos meses una ingente labor, sobre todo en la vigilancia del buen ejercicio de la profesión, y obtuvo el derecho a revalidar títulos extranjeros así como de examinar y dar títulos de practicantes de farmacia.51 La consecución de sus logros estuvo muy vinculada a la hábil estrategia de nombrar como presidente de la junta organizadora primero, y de la junta de gobierno interina luego, al General de brigada del Ejército Libertador Tomás Padró Griñán, personaje muy vinculado a la política municipal durante los primeros años de la intervención. Cohesionados en su Colegio y prestos a insertarse en las coordenadas de un mundo nuevo que se les avecinaba, muy interesados en el desarrollo científico de su disciplina y atentos a cualquier intromisión en sus facultades, despidieron los farmacéuticos santiagueros casi cuatro siglos de colonialismo español.

CONCLUSIONES

 Los primeros médicos que ejercieron en Santiago de Cuba a partir del siglo XVI fueron quienes iniciaron la actividad farmacéutica, por lo regular con muy mala preparación profesional. No fue hasta el año de 1735 que se estableció en esta ciudad el primer maestro boticario. Empero, durante todo el siglo XVIII estuvo muy inestable este ramo.
 El siglo XIX marcó el auge de las farmacias en la ciudad, cuando arribaron a esta profesionales con mejor calidad y preparación. Las boticas o farmacias devinieron cuerpo de atención a lesionados de primera urgencia, y los farmacéuticos tuvieron un rol importante en la vida médica y pública de Santiago de Cuba.
 Durante toda la época colonial se mantuvo la tónica de las boticas plurales, donde se expendía todo tipo de producto, solo en la última década del siglo XIX es que las farmacias dejan de ser establecimientos mercantiles de amplio surtido no vinculado con la salud de la población. Se mantuvo hasta bien entrado el mencionado siglo el intrusismo profesional, amparado por las prácticas curanderiles, el desconocimiento de los habitantes y la escasa cantidad de farmacias que existía para todo el Departamento Oriental.
 Al culminar la Guerra Hispano Cubano Norteamericana, los farmacéuticos santiagueros aprovecharon la coyuntura política para establecer su Colegio de Farmacéuticos, con lo cual alcanza su mayoría de edad este ramo en la región oriental de Cuba, y específicamente en la ciudad cabecera.

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50. Fleitas, CR Evolución de la Sanidad Cubana, 1898-1909. En: Portuondo O. y Zeuske M [Coord.]. Ciudadanos en la Nación. Segunda parte. Santiago de Cuba, Fritz Thyssen Stiftung y Oficina del Conservador de la Ciudad, 2003: 96-108.
51. Ravelo Asensio, Juan: Memoria leída en la sesión extraordinaria celebrada en la noche del 28 de febrero de 1899. Santiago de Cuba, Colegio de Farmacéuticos de Oriente, 1899:3-7.

Control de la natalidad: enfoque por diferentes épocas y culturas

Dr. Gerardo Fernández Álvarez. Especialista de I grado en Medicina General Integral.Profesor Instructor en la Facultad de Ciencias Médicas “Dr. Miguel Enríquez” Diplomado en Ultrasonografía Diagnóstica. Dra. Lin Santana Yllobre. Especialista de I grado en Medicina General Integral. Profesor Instructor en la Facultad de Ciencias Médicas “Dr. Miguel Enríquez” Dra. Martha Torres Zamora. Especialista de I grado en Medicina General Integral. Profesor Asistente. Facultad de Ciencias Médicas “Dr. Miguel Enríquez”
 
RESUMEN:
La planificación familiar es un término relativamente nuevo; la salud reproductiva es un concepto más reciente aún, el control de la natalidad no lo es tanto y los métodos anticonceptivos son bien antiguos. Las distintas épocas en la evolución del hombre y sus diversas religiones con sus influencias en cada una de ellas, han repercutido de diferentes formas en la sociedad más allá de los aspectos médicos. Hoy día, cuando tantos galenos cubanos prestan sus servicios en diferentes latitudes y culturas, es necesario conocer sus observaciones sobre el comportamiento de estas culturas en lo relacionado con el control de la natalidad y el uso de los anticonceptivos.

DESARROLLO:
En todas las épocas ha existido preocupación por el control de la natalidad. De ahí los esfuerzos hechos por el hombre orientados a la búsqueda de métodos que le permitan a la mujer pensar y vivir la maternidad como una opción y no como su destino. Para poder comprender esto actuamente, hay que retroceder en el tiempo pues el tema de la anticoncepción ha sido el más controvertido en la historia de la medicina desde sus inicios hasta nuestros días. Para trazar estrategias en relación con la planificación familiar, es imprescindible echar una mirada al pasado y tener en cuenta lo sentenciado por Winston Churchill con respecto a que “mientras más atrás mires en el pasado, más adelante puedes mirar en el futuro”.(1)
Cada minuto muere en el mundo una mujer a consecuencia de un parto atendido en condiciones desfavorables o por un aborto y, cientos de las que no fallecen, quedan mutiladas total o parcialmente debido a complicaciones. Hoy día el 99% de las muertes maternas ocurren en los países del tercer mundo.(1)
En el papiro Petric o Kahun, escrito 850 años a.n.e. parece estar contenida la prescripción más antigua de la anticoncepción. Más información se ha encontrado en el papiro Ebers del año 1500 a.n.e. y en el papiro Berlín del año 1300 a.n.e.(2)
Desde épocas prinitivas se utilizaban hiervas y extractos acuosos de plantas que se consideraban con propiedades anticonceptivas. Los hiervas y raíces de plantas eran medios que aplicaban los indios norteamericanos como anticonceptivos.
Actualmente se sabe que la combinación del zumo de limón y extracto de vaina de caoba, que antes se usaba a modo de duchas vaginales, tiene un fuerte efecto espermicida.(2,3) También se conoce el empleo en Egipto antigüo de preparados intravaginales, que actuaban como barrera y/o espermicida. Fue Aristóteles quien primero mencionó la anticoncepción y recomendó el aceite de cedro para impedir la concepción. Hoy se conoce la propiedad del aceite de reducir la movilidad de los espermatozoides. En la antigua Grecia se emplearon diversidad de productos en forma de pastas y aplicaciones locales, con el uso de goma de cedro, miel, corteza de pino, granada pulverizada, aceite de mirto y otros extractos. Esa cultura prescribía la anticoncepción poscoital, basada en un procedimiento en el que la mujer asumía la posición en cuclillas para intentar expulsar el semen de la cavidad vaginal al aumentar la presión intraabdominal. Asimismo practicaban la limpieza vaginal digital y el coito interrupto.
Tanto las civilizaciones griegas como romanas utilizaron el aborto como método de control de la natalidad. Los romanos emplearon plumas de pato y los griegos la inserción de sustancias a través del cuello uterino con tubos de plomo huecos.(3)
Los antiguos hebreos practicaban la anticoncepción con la continencia sexual y la utilización de pesarios. Moisés señalaba un lapso de 7 días desde el final de la menstruación hasta el periodo de fertilidad, lo que indica que tenían conocimientos sobre el ciclo de la mujer y su época fértil. Las técnicas anticonceptivas, descritas de forma más original y brillante antes del siglo XIX, se encontraron en 1938 en un texto escrito por Sorano de Efeso (98-138).(3,4)
Con el dominio de Europa por la iglesia católica romana durante la Edad Media, fueron restringidos los conocimientos sobre la anticoncepción. Las enseñanzas de San Agustín (354-430) y de Santo Tomás de Aquino (1225-1274), quienes se pronunciaban en contra del control de la natalidad, influenció a la iglesia católica, al punto de que incluso se condenaba cualquier tipo de anticoncepción en parejas casadas. Más tarde la iglesia permitió los métodos naturales de anticoncepción, hasta que en 1968, por la encíclica papal Humanae Vitre, fue de nuevo condenada la anticoncepción artificial.(4)
En la Edad Media la cultura islámica permitía muchos métodos anticonceptivos, como la expulsión del semen de la vagina por violentos movimientos del cuerpo, los supositorios vaginales y el uso de fumigaciones intravaginales, todo ello por no estar bajo la influencia de la religión católica y no prohibirla el Islam.(3)
Los condones de membranas de animales eran ya utilizados en el coito como método anticonceptivo desde el año 923 después de Cristo, según se recoge en un texto escrito por un famoso medico de aquella época nombrado Rhases, quien recomendaba el coito interrupto, la retención de la eyaculación y numerosos tipos de supositorios vaginales.(4)
En virtud de que en los siglos XVIII y XIX hubo un desarrollo de la imprenta, la población pudo conocer las experiencias medicas acerca de la anticoncepción. El británico y controvertido Thomas Robert Malthus, propuso en 1798 el matrimonio tardío y la estricta castidad prematrimonial como solución para evitar la proyección geométrica que experimentaba el crecimiento poblacional, publicado en “Ensayo sobre el principio de la población”. Malthus fue el primero en alertar al mundo en relación con los peligros que acarrearía el crecimiento rápido y descontrolado de la población. Su teoría fue con posterioridad trasladada al territorio norteamericano, donde encontró apoyo en algunos defensores de la anticoncepción como Robert Dale Owen y Charles Knowlton, encarcelado por esta causa, y también una gran oposición por parte de Anthony Comstok y sectores importantes y puritanos de la sociedad norteamericana de la segunda mitad del siglo XIX.(5)
En 1916 se creó en Brooklyn, Nueva York, una clínica para el control de la natalidad por la enfermera Margaret Higgins Sauger, quien dedicó toda su vida a ella. En Inglaterra se logró el control de la natalidad a finales del siglo XIX, gracias entre otros a Frances Place, quien publicaba folletos en los que recomendaba la esponja intravaginal y el coito interrupto, motivado por el trabajo de Malthus.(5,6)
En 1921 Marie Stopes creó en Londres una clínica para el control de la natalidad, inspirada por la fundada en Nueva York, con lo que se sumó a la labor emprendida por Margaret Higgins Sauger.(6)
Los servicios de control de la natalidad no estuvieron en manos del personal médico hasta el advenimiento de la “píldora” en la década de 1960. Estos temas no habían estado contemplados hasta entonces en los programas de estudio de las escuelas de medicina.(7,8)
A pesar de la reseñada evolución de la anticoncepción y de las teorías sobre el control de la natalidad emitidas durante siglos, no fue hasta la celebración de la IV Conferencia Internacional de Población y Desarrollo en El Cairo, Egipto, entre el 5 y 13 de septiembre de 1994, que surgió el concepto de salud reproductiva, en consideración a las cuestiones relacionadas con la calidad de vida.(9)
La Conferencia de El Cairo permitió crear las condiciones indispensables a la mujer para tomar decisiones de manera responsable e informada sobre su propia reproducción y garantizó un enfoque integral y moderno sobre el tema.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

1. Peláez Mendoza J. Métodos anticonceptivos. Actualidad y perspectivas para el nuevo milenio. La Habana: Editorial Científico-técnica; 2001.
2. Durand JD. Historical estimates of world population: An evaluation. Pop Dev Rev1977;3:253-296.
3. Gómez Sánchez PI. Historia de la planificación familiar. En: Planificación familiar: una visión integral. Bogotá: Universidad Nacional de Colombia. Facultad de medicina, Departamento de Ginecología y Obstetricia; 1998.
4. Ruoti AM. Historia de la planificación familiar. En: planificación familiar y salud. Asunción: EFACIM; 1994. p. 25-28.
5. United Nations Population Funds (UNFPA). The State of the World Population New York: UNFPA; 1990.
6. World Health Organization, Division of Family Health. Maternal Mortality Fact Sheet. Geneva: WHO; 1987.
7. Dowd MJ, Philipp EE. Historia de la ginecología y la obstetricia. Barcelona: Ed. Edikamed; 1995.
8. González AC. Optar por la anticoncepción. Profamilia1998;16(31):50.
9. Mateo de Acosta O, Andino N. La salud reproductiva y sexual a la luz de la Conferencia Internacional de Población y Desarrollo, El Cairo 1994. Salud Reproductiva en Cuba. La Habana: CEDEM; 1997. p. 1-9.

La huella de Finlay en el Canal de Panamá

Lic. Gustavo Robreño Díaz Periodista. Colaborador de Prensa Latina.
 
RESUMEN:
Este trabajo se refiere a la influencia de las teorías de Carlos J. Finlay en la República de Panamá, que fueron de fundamental importancia para la terminación y puesta en marcha de las obras del Canal de Panamá, así como la presencia posterior de Finlay en el panorama científico y social del hermano país.

DESARROLLO
Para mediados del siglo XVIII, al Istmo de Panamá se le conocía como “la tumba del hombre blanco”.Todavía a principios de siglo XIX era común encontrarse banderas amarillas, ondeando en las azoteas de las casas y edificios, como una señal de cuarentena que se desplegaba para avisar a la gente que no se acercara a los lugares devastados por la Fiebre Amarilla. Durante muchos años, los extranjeros que venían a esta "Costa de la fiebre", especialmente los marinos que llegaban de paso, morían de enfermedades causadas supuestamente por "vapores miasmáticos" que emanaban de los pantanos y ciénagas.

De acuerdo con la creencia popular de entonces, cuando los vientos alisios dejaban de soplar, unos humos blancos emanaban del océano y viajaban como neblina sobre tierra y mar, siendo estos supuestamente los causantes de la fiebre y las enfermedades. Esta compleja situación epidemiológica permanecía en enero de 1880, cuando Francia inició la apertura de la “gran zanja interoceánica”.

El combate francés contra las enfermedades

La obra fue asumida por la recién creada Compañía Universal del Canal de Panamá, bajo la dirección del conde Fernando de Lesseps, el mismo que en 1869 había unido el mar Mediterráneo con el Mar Rojo y el Océano Indico mediante el Canal de Suez.

Sin embargo, A medida que aumentaba la fuerza laboral se incrementaban las enfermedades. La primera muerte por Fiebre Amarilla entre los casi mil empleados iniciales se dio en junio de 1881, poco después del inicio de la época lluviosa. La segunda; un joven ingeniero francés que murió el 25 de julio, supuestamente de "fiebre cerebral".

A medida que la obra avanzaba, sucesivos e incontrolables brotes de Malaria y Fiebre Amarilla sembraban la muerte entre obreros y técnicos.
Se calcula que de los 186 mil hombres que en total empleó la compañía francesa en las obras, fueron atacados de Fiebre Amarilla 52 mil.

De acuerdo con datos de la época, la incidencia de la enfermedad fue tanta, que por momentos llegaron a estar infectados a la vez el 60% del total de los trabajadores, de los cuales muchos morían sin que nadie pudiera explicarse las causas de tan generalizada propagación.

A principios de 1882, la compañía francesa se ve forzada a organizar una red de servicios médicos a todo lo largo de la obra, atendidos por la congregación religiosa Hermanas de San Vicente de Paúl.

El primer hospital con 200 camas se estableció en la ciudad atlántica de Colón, en el mes de marzo, a la vez que en el Pacífico se inició la construcción del Hospital Central de Panamá, en el Cerro Ancón, próximo a la ciudad capital.

Sin pensar que pudiera haber alguna relación entre el mosquito y la transmisión de la Fiebre Amarilla y la Malaria, los médicos franceses y las esforzadas religiosas cometían a diario un sin número de errores que propiciaban el contagio de pacientes no infectados.

Por ejemplo, en los jardines del hospital se cultivaban diversas variedades de vegetales y flores. Para protegerlos de las hormigas se construyeron canales de agua alrededor de las plantas. Dentro de los propios hospitales, se colocaban palanganas con agua bajo las patas de las camas para mantener alejados a los insectos.

Ambos métodos resultaban ser excelentes criaderos para los mosquitos Aedes Aegipty y Anófeles, transmisores de la Fiebre Amarilla y la Malaria respectivamente.

Muchos pacientes que llegaban al hospital por otras razones, a menudo terminaban contrayendo estas enfermedades estando hospitalizados. La situación llegó a tal punto que las personas evitaban al máximo asistir al hospital.

La Fiebre Amarilla no era constante. Solía llegar en ciclos de dos o tres años. Como los enfermos evitaban los hospitales siempre que fuera posible, por su reputación de propagar estas enfermedades, hubo muchas defunciones que nunca se registraron.

En 1889, luego de nueve años de trabajo agotador, el azote incontrolable de las enfermedades, malos manejos económicos y errores de cálculo en la magnitud de la obra hicieron que la Compañía Francesa del Canal de Panamá quebrara y con ella se desvaneciera el sueño francés de la ruta transístmica.

Mientras todo esto ocurría, en febrero de 1881, y como delegado especial de Cuba ante la Conferencia Sanitaria Internacional que se celebró en Washington, el hasta entonces desconocido médico cubano Carlos J. Finlay sorprendía a todos al exponer allí los resultados de sus detallados estudios sobre la fiebre amarilla.

Contrario a lo que muchos pensaban, para Finlay uno de los requisitos para la propagación de la enfermedad era "la presencia de un agente cuya existencia sea completamente independiente de la enfermedad y del enfermo".

Sin embargo, se encontró con la incredulidad de la comunidad médica, que para entonces consideraba como válida la teoría de Giuseppe Sanarelli, según la cual la fiebre amarilla se adquiría a través del “Bacillus icteroides”, y consideraba el aparato respiratorio como la vía de entrada al cuerpo humano.

¿Quién era Finlay?

Carlos Juan Finlay Barres, nació en la ciudad de Puerto Príncipe (actual Camagüey), Cuba, el 3 de diciembre de 1833.

El joven Finlay realizó estudios de medicina en Francia - Le Havré y Rouen -, así como en Filadelfia, Estados Unidos, donde tuvo como profesor a Kearsly Mitchell, uno de los pioneros de la teoría de los gérmenes como agentes patógenos.

En 1857 se estableció como médico en La Habana. A pesar de haberse especializado en cirugía oftálmica, sus contemporáneos cuentan que ya desde entonces se mostraba preocupado por descubrir el origen y formas de transmisión de diversas enfermedades, entre ellas, la Fiebre Amarilla.

Numerosos trabajos suyos se dieron a conocer en publicaciones científicas de la época y fueron presentados ante las autoridades sanitarias españolas que siempre lo ignoraron y para quienes era solo “un loco que perseguía mosquitos”.

A su regreso de la ya citada Conferencia Sanitaria Internacional, en 1881, recibió autorización para experimentar con seres humanos. Expuso personas sanas a mosquitos que habían picado a enfermos de Fiebre Amarilla, en diferentes fases del ciclo de la infección, que él suponía darían origen a diferentes estadíos de la enfermedad.

Los resultados fueron alentadores, y en agosto de ese propio año, ante la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana, presentó por vez primera su memorable teoría sobre la transmisión de la Fiebre Amarilla, concretamente, a través del mosquito Culex o Stegomyia, como entonces se le llamaba al Aedes Aegypti

Aunque sus conclusiones fueron nuevamente rechazadas, Finlay nunca dejó de acumular información adicional que pudiera confirmar su hipótesis. Estudió el comportamiento del mosquito, su anatomía y sus hábitos de alimentación en diversas condiciones de temperatura y presión atmosférica, así como su distribución geográfica

No fue hasta 1900, posterior a la intervención militar norteamericana en la guerra Hispano-Cubana, que Finlay pudo demostrar la veracidad de su teoría.

Víctima de un cruel despojo

Con el objetivo de combatir la Fiebre Amarilla que diezmaba sus tropas de ocupación en la isla, llegó a Cuba una representación de la Comisión Médica del Ejército de Estados Unidos, encabezada por Walter Reed.

Reed había ingresado en 1875 en el cuerpo médico del Ejército de los Estado Unidos, donde sirvió como cirujano militar, y desde 1893 ejercía como catedrático de bacteriología y microscopía en la Facultad de Medicina del Ejército, en Washington.

Bajo la supervisión y participación directa de Finlay, la Comisión puso en práctica una serie de experimentos cuidadosamente controlados. Siete voluntarios no inmunes durmieron durante 20 noches seguidas con las sábanas, la ropa y las secreciones de varios enfermos de fiebre amarilla. Ninguno contrajo la enfermedad.

Otros dos voluntarios, no inmunes, durmieron durante 18 noches en un edificio con mosquitos infectados, protegidos contra los insectos con mallas de alambre, y ninguno se enfermó. Por último, un voluntario fue expuesto durante tres días consecutivos a mosquitos infectados y al cuarto día presentó un caso inconfundible de Fiebre Amarilla.

Como si se tratara de un descubrimiento propio, los resultados de este estudio epidemiológico fueron presentados por Walter Reed en la Conferencia Sanitaria Panamericana de ese año, que se realizó en La Habana.

Una vez más, el eminente sabio cubano, que con total desprendimiento había puesto en manos de las autoridades de intervención norteamericanas el resultado de largos años de investigación, era despojado de su trascendental descubrimiento.

Muy pronto, en 1904, cuando los Estados Unidos deciden cavar ellos la senda interoceánica istmeña, se ven obligados a sanear aquella tierra, poniendo en práctica lo que habían aprendido y robado a Finlay, aquel sencillo “cazador de mosquitos”, hoy paradigma indiscutible de la medicina mundial.

Para mediados del siglo XIX, el dominio del mar era algo práctico, vital e indispensable para Estados Unidos, en su pretensión de erigirse en potencia hegemónica mundial.

Para ello requerían de un canal interoceánico en el hemisferio occidental que les permitiera el rápido traslado de sus navíos de guerra del Pacífico al Atlántico y viceversa.

El interés norteamericano por construir una vía de enlace entre ambos océanos aumentó con el hallazgo de oro en California, en 1848, lo que generó un creciente volumen de comercio transístmico

Con ese propósito, en 1869, el Presidente Ulysses Grant ordenó realizar levantamientos topográficos en América Central, concretamente en Nicaragua y Panamá.

Las expediciones, realizadas entre 1870 y 1875, estuvieron bajo el mando del Secretario de la Armada, y los estudios fueron realizados por el Comandante Edward P. Lull y el Ingeniero Civil de origen cubano, Aniceto García-Menocal.

Posterior al fracaso de los franceses de abrir la “gran zanja”, el Presidente William McKinley, crea la “Comisión del Canal Ístmico de los Estados Unidos” (1899-1901) y ordena realizar los ajustes necesarios a los estudios anteriores y presentar el proyecto definitivo para la apertura de la senda marítima por territorio de Panamá.

La ocupación de esa franja de territorio istmeño por parte Estados Unidos se inició simbólicamente el 4 de mayo de 1904 cuando el oficial del Cuerpo de Ingenieros del Ejército de los Estados Unidos, Teniente Mark Brooke, recibió las llaves de las bodegas del Hospital Ancón.

De inmediato, procedente de Cuba, arribó el recién designado Jefe de Sanidad de la obra, coronel William Crawford Gorgas, médico norteamericano, especialista en enfermedades tropicales, quién junto a su personal fue de los primeros en llegar al Istmo para acometer las tareas de saneamiento en lo que ya había comenzado a llamarse la “Zona del Canal”.

Gorgas había formado parte de la comisión médica del ejército de los Estados Unidos que viajó a Cuba en 1900 y, poniendo en práctica la teoría del médico cubano Carlos J. Finlay había logrado disminuir la incidencia de la Fiebre Amarilla, sobre todo, entre las fuerzas norteamericanas que ocupaban la Isla desde 1898.

Demostrando sus dotes de hombre de ciencia, el sabio cubano había puesto todos los resultados de sus amplias y pacientes investigaciones, así como el material de experimentación, a las órdenes de la Comisión norteamericana, sin pedir nada a cambio, únicamente interesado en triunfar sobre la Fiebre Amarilla.

La teoría de Finlay, ahora en Panamá

Los galenos norteamericanos, recién llegados a Panamá, insistían en que resultaba imperioso concluir las labores de saneamiento, incluida la erradicación de los mosquitos, antes que arribaran las grandes masas de trabajadores, no inmunes, y se infectaran.

Sin embargo, los funcionarios de la Comisión del Canal consideraron que los planteamientos de Gorgas eran “una pérdida de tiempo y dinero”, aún cuando un congreso médico celebrado en París en 1903 había considerado el trabajo con la teoría de Finlay sobre la Fiebre Amarilla, presentado por Walter Reed como propio, “un hecho comprobado científicamente”.

A finales de 1904 se desató la primera epidemia de Fiebre Amarilla, y se hizo evidente que era necesario adoptar medidas urgentes. Los trabajos se iniciaron, colocando mallas en ventanas y puertas, fumigando de casa en casa las ciudades de Panamá y Colón, así como llenando de aceite, semanalmente, las cunetas y letrinas.

El plan incluyó además la creación de potabilizadoras de agua en las fuentes que abastecían las ciudades de Panamá y Colón para eliminar la necesidad de mantener contenedores de agua que pudieran servir como criaderos de Aedes Aegipty, mosquito transmisor de la Fiebre Amarilla.

Paralelamente, se dio inicio al alcantarillado de ambas ciudades, así como a la pavimentación de sus calles.

Como resultado de todas estas medidas, la Fiebre Amarilla fue total y permanentemente erradicada del Istmo. El 11 de noviembre de 1905 se reportó el último caso en la ciudad de Panamá.

La Malaria, por su parte, continuaba causando estragos. Durante 1905, el primer año de labores por parte de Estados Unidos, casi toda la fuerza laboral norteamericana, incluyendo al propio Gorgas, contrajo la Malaria luego de estar, en algunos casos, sólo un mes en el Istmo.

Una vez más, Gorgas recurrió a lo aprendido en Cuba con aquel, tantas veces relegado, “señor de los mosquitos”. Tras conocer que el Anófeles no puede volar muy lejos sin posarse sobre algún tipo de vegetación, se limpiaron áreas de 200 yardas de ancho alrededor de los lugares donde vivía y trabajaba la gente.

Se drenaron extensas áreas de pantanos, se abrieron aproximadamente mil millas de zanjas de tierra y otras 300 de concreto, se arrojaron rocas a lo largo de las cunetas y cavaron casi 200 millas de drenajes con losa, se cortaron cientos de acres de vegetación y rociaron el agua empozada con miles de galones de aceite

Mensualmente se aplicaron unos 200 barriles de veneno, una mezcla de ácido carbólico, resina y soda cáustica, alrededor de los bordes de las piscinas naturales y corrientes de agua para evitar que la vegetación obstruyera la libre distribución del aceite vertido para matar las larvas.

Para realizar estos trabajos, se contrataron por míseros salarios y a riesgo de contraer la enfermedad, trabajadores afro-antillanos provenientes de varias islas del Caribe.

Para finales de 1906, cuando el presidente norteamericano Theodore Roosevelt visitó Panamá, Gorgas y su equipo médico habían controlado y reducido a su mínima expresión los brotes de Malaria Y Fiebre Amarilla, demostrando, una vez más, lo acertado de la teoría de Finlay.

“Honrar, honra”

En agosto de 1924, el entonces presidente de Panamá, Belisario Porras, ordenó la confección de un busto en honor al sabio cubano, que sería colocado en el capitalino hospital de Santo Tomás.

En abril de 1926, el Club Rotario de La Habana aprueba confeccionar una placa de bronce para ponerla junto al busto de Finlay, finalmente colocado frente al edificio del Laboratorio Central del referido hospital, dependencia que desde ese momento tomó el nombré del destacado médico cubano.

Actualmente, se encuentran además en el parque interior de la Facultad de Medicina de la Universidad de Panamá un busto de Finlay y una placa en la que se puede leer la siguiente inscripción: Al insigne científico cubano Carlos J. Finlay. Descubridor del agente transmisor de la Fiebre Amarilla. Valioso aporte en la construcción del Canal de Panamá. Embajada de Cuba. 21 de mayo de 1976.

Hoy, a 90 años de inaugurado al tráfico marítimo internacional el Canal de Panamá, ni el tiempo ni mezquinas intenciones usurpadoras podrán impedir que al hacer el recuento de los que hicieron posible ese monumento al ingenio humano se incluya, por derecho propio, el de aquel ilustre cubano, benefactor de pueblos.

José Martí. De la cárcel a España, enfermedades y sufrimientos.

Dr. Ricardo Hodelín Tablada Especialista de 2do Grado en Neurocirugía. Profesor Instructor. Hospital Provincial Clínico Quirúrgico “Saturnino Lora”. Miembro de la Sociedad Cultural José Martí, de la Unión de Historiadores de Cuba (UNHIC) y de la Sociedad Cubana de Historia de la Ciencia y la Tecnología.
 
RESUMEN:
A pesar de que nuestro Héroe Nacional vivió tan sólo 42 años, fueron muchas las enfermedades que lo afectaron durante toda su vida. Entidades de diferentes tipos, algunas de ellas incluso consideradas como graves, no lograron disminuirlo ni restarle fuerzas para realizar la gran obra que nos dejó.

INTRODUCCIÓN

No sería correcto escribir la verdadera historia del Maestro sin referirse a estas enfermedades que lo acompañaron, que convivieron con él y sobre las cuales supo poner toda la integridad de su fuerza moral para continuar adelante con su gran sueño de luchar por una patria libre.En este trabajo que forma parte de una investigación mayor sobre las enfermedades del apóstol- nos referimos solamente a las dolencias que sufrió desde la cárcel hasta su estancia durante el primer destierro en España. Es nuestro objetivo aproximarnos al héroe enfermo, al ser humano que enfrentó las agresiones de múltiples dolencias y sin embargo supo poner siempre al frente, al hombre íntegro, al revolucionario capaz de enfrentar cualquier tarea. Se trata pues de nuestro esfuerzo por aproximarnos a otra faceta de su amplia e interesante vida.

DESARROLLO

En 1860 Martí comienza a estudiar en el colegio de San Anacleto dirigido por Rafael Sixto Casado, destacado pedagogo cubano. En esta escuela conoce a Fermín Valdés Domínguez, su compañero de aula, de donde nace una amistad que duraría para toda la vida. A los nueve años viaja con el padre a Matanzas. Allí comienza su sufrimiento al conocer la esclavitud. Sufre al ver a los trabajadores negros amontonados en barracones sucios; le duelen sus miradas tristes y sus cantos como lamentos, y se horroriza al ver como un mayoral de mal corazón castiga a latigazos a un negro esclavo, en un salvaje “bocabajo”(1).

En aquel momento en que no pudo defender al desdichado, se rebeló de indignación su alma de niño y desde entonces nació en su corazón la piedad por lo que luego llamaría “mis negros”. Tiempo después escribiría “Quien ha visto azotar a un negro ¿no se considera para siempre su deudor?. Yo lo vi cuando era niño y todavía no se me ha apagado en las mejillas la vergüenza... Yo lo vi y me juré desde entonces su defensa”(2).

Cuando el 10 de octubre de 1868 Carlos Manuel de Céspedes libera a sus esclavos, Martí estudiaba en el Instituto de Segunda Enseñanza de La Habana. Ya desde entonces se destaca por su pensamiento político. Tenía 15 años y estaba claramente definida su posición al lado de los pobres de la tierra. Sus escritos de la época dejan transparentar la semilla, de lo que después germinaría como un gran hombre.

Publica en “La Patria Libre” su conocido “Abdala”, poema dramático encabezado por la frase “escrito expresamente para la Patria”. En octubre de 1869 laboraba como dependiente de diligencias, en la oficina del comerciante Felipe Gálvez Fatio. Por esos días le escribe a su maestro Rafael María Mendive que se encontraba en París “Trabajo ahora de seis de la mañana a 8 de la noche y gano 4 onzas y media que entrego a mi padre. Éste me hace sufrir cada día más, y me ha llegado a lastimar tanto que confieso a Ud, con toda la franqueza ruda que Ud me conoce que sólo la esperanza de volver a verle, me ha impedido matarme. La carta de Ud de ayer me ha salvado. Algún día verá Ud mi diario y en él, que no era un arrebato de chiquillos, sino una resolución pesada y medida”(3)

Vemos ya desde aquí como el joven Martí de sólo 16 años deja trascender una situación psíquica que le preocupa y le estresa; “esto me hace sufrir cada día más” dice Martí. Si bien sufre ahora por su padre, otros sufrimientos aparecerán después que lo llevan al agotamiento mental y a la necesidad de que los médicos le orienten tomar un descanso en su trabajo. Recordemos que el ser humano es un ser biopsicosocial y la salud representa un equilibrio activo entre el hombre y su medio ambiente natural, familiar y social. No podemos decir que estaba sano cuando en realidad sufría mentalmente.

El 4 de octubre de 1869 como era costumbre de la época, los españoles celebraron una revista militar. Terminada ésta la escuadra de gastadores del primer batallón de voluntarios irrumpe con música marcial por la esquina de Industria y San Miguel. Pasan ante la ventana donde Martí, los hermanos Valdés Domínguez, Manuel Sellén, Santiago Galvín y el profesor de francés Atanasio Portier conversan animadamente. Enfilan los soldados con aire retador y por creerse burlados por los jóvenes, cuya simpatía por los insurrectos son bien conocidas, arman gran escándalo. Vuelven al anochecer para arrestar a los hermanos Fermín y Eusebio.

En el registro de la casa encuentran una carta dirigida a Carlos de Castro y de Castro quien se había alistado como cadete en el Ejército Español. Era una verdadera condena contra el cubano procolonialista. Gran preocupación tenía Martí, al ver a un cubano, alistarse en las filas del enemigo. La carta expresaba “Compañero ¿Has soñado tú alguna vez con la gloria de los apóstatas?.¿Sabes tú como se castigaba en la antigüedad a la apostasía? Esperamos que un discípulo del Sr. Rafael María de Mendive no ha de dejar sin contestación esta carta. José Martí, Fermín Valdés Domínguez”(4).

El día 9 fue arrestado el joven Martí. Lo condenaron a 6 años de prisión, aunque se ha hablado también de un primer fallo de pena de muerte(5). Afirmación que consideramos cierta basándonos en que años después escribiría en sus Versos Sencillos “Gocé una vez, de tal suerte/ que gocé cual nunca:-cuando/ La sentencia de mi muerte/ Leyó el alcaide llorando”(6). Efectivamente se trata de la sentencia cuando el juicio por la carta escrita al apóstata, no conocemos de ningún otro juicio a que fuera sometido durante toda su vida.

A los otros se les pide condenas menores. De la cárcel le escribe a la madre el 10 de noviembre de 1869: “Mucho siento estar metido entre rejas –pero de mucho me sirve mi prisión- bastante lecciones me ha dado para mi vida, que auguro que ha de ser corta y no las dejaré de aprovechar. Tengo 16 años y muchos viejos me han dicho que parezco un viejo. Y en algo tienen razón; porque si tengo en toda su fuerza el atolondramiento y la efervescencia de mis pocos años, tengo en cambio un corazón tan chico como herido. Es verdad que ud padece mucho, pero también lo es que yo padezco más. ¡Dios quiera que en medio de mi felicidad pueda yo algún día contarle los tropiezos de mi vida! ”(7).

El 4 de abril de 1870 es trasladado al Presidio, donde lo destinan a la Primera Brigada de Blancos y le asignan el número 113. En la hoja histórico-penal aparece su filiación: estado soltero; edad diecisiete años; estatura regular; color bueno; cara, boca y nariz regulares; ojos pardos; pelo y cejas castaños; barba lampiña; como señas particulares se indican una cicatriz en la barba y otra en el segundo dedo de la mano izquierda(8). Quizás la cicatriz de la barba sea consecuencia de una herida durante la infancia, como puede verse en los niños al caerse de sus pies.

Meses después, el 28 de agosto de 1870 le escribe a su madre, en el reverso de la conocida fotografía con cadena y grillete, donde la consuela recordándole la utilidad de su sacrificio “Mírame madre, y por tu amor no llores/ Si esclavo de mi edad y mis doctrinas/ Tu mártir corazón llené de espinas/ Piensa que nacen entre espinas flores”(9). Sufre ahora por su madre al estar preso y separado de ella. Pensemos en cuanto dolor espiritual ha tenido ya que soportar con sólo 17 años, sufrimiento por los seres más queridos para un adolescente de esa edad.

En la cárcel le habían cortado los cabellos y colocado grilletes que aunque se señala que fue en la pierna derecha como se aprecia en la fotografía, parece ser que era en ambas piernas. Así lo refiere el propio Martí: “mis grillos eran demasiado fuertes para que no fueran lazos… con el grillo en los pies…para evitar el roce de los grillos”(10) y se confirma en el examen del cadáver realizado por el Dr. Pedro María de Valencia Fort: “…presentaba en las piernas señales de haber llevado grillos¨(11). Una gruesa cadena rodeaba su cintura. Con toda esta indumentaria trabajaba doce horas bajo el sol en las Canteras de San Lázaro, llamadas “La Criolla”, según lo había ordenado el Comandante del Presidio, Mariano G. de Palacios(12). Allí tenía que excavar y desbaratar las piedras duras a golpe de pico y luego llevarlas hasta los hornos de la cantera, en lo alto de una loma.

La gruesa cadena y los grilletes le provocaron lesiones importantes en los tobillos y la cintura, a pesar de las almohadillas hechas por su madre Doña Leonor y que su padre Don Mariano le había llevado, para disminuir el roce con la piel. El Dr. Ramón Infiesta referiría después “partiendo piedras en una cantera, bajo un sol inclemente, su salud se resistió para siempre y toda su vida lo atormentó una llaga que el hierro le ahondó al pie”(13). Evidentemente le llama llaga, a la úlcera que provoca pérdida de tejidos y cursa con mucho dolor. Otra úlcera le aparece también a nivel de la cadera. A pesar de los múltiples tratamientos, estas lesiones no cicatrizaron correctamente.
Recordemos que años después el generalísimo Máximo Gómez diría de Martí, que era un cubano a prueba de grillete, porque lo había sentido en su carne cuando apenas tenía bigotes. En agosto Don Mariano hace gestiones ante José María Sardá y Gironella, arrendatario de las canteras y amigo personal del Capitán General para que interceda ante este y pida la disminución del rigor de la pena para su hijo. En ese mismo mes de agosto es enviado a la cigarrería del penal y luego a La Cabaña, en atención a su estado de salud. Ya para entonces a los sufrimientos de Martí se había añadido una afección grave de los ojos, producida por la acción del sol y la cal de las canteras, según alguno de sus biógrafos(14). El 5 de septiembre el Capitán General le conmuta la pena por la de ser relegado a Isla de Pinos, donde llega el 13 de octubre en calidad de deportado. José María Sardá lo acogió en su finca “El Abra”.

Doña Leonor preocupada por la salud de su hijo, le escribe una solicitud de indulto al Capitán General(15) “Aquí teneis a las hermanitas, y triste madre de el desgraciado José Martí joven que acaba de cumplir 17 años, y ha sido sentenciado a seis años de precidio por tres palabras escritas…no teniendo en el mundo más amparo que éste único hijo, para que con su trabajo me ayude a sostener a seis hermanos menores que él, y ser su padre un anciano y enfermo y no pudiendo resistir tamaña desgracia…me atrevo a suplicar se sirva indultar a mi desgraciado hijo de pena tan dura…”. Consigue la respuesta positiva y Martí viaja para España. El 1ro de febrero de 1871 desembarca en Cádiz y el 16 ya está en Madrid; tenía 18 años. Imaginemos cuanto habrá sufrido nuestro héroe con sólo 18 años deportado en un país que no conoce, en una época de intenso frío.

Ese año escribe “El Presidio Político en Cuba” donde evoca sus impresiones de la cárcel y se refiere al dolor físico, más lacerante acaso por la imposibilidad del preso 113 de remediar en esos momentos los escarnios y las enfermedades de que allí fueron víctimas –como él- el niño Lino Figueredo, el anciano Nicolás del Castillo o el negro anciano Juan de Dios Socarrás. “Dolor infinito debía ser el único nombre de estas páginas”(16), así comienza el texto; luego prosigue “dolor infinito, porque el dolor del presidio es el más rudo, el más devastador de los dolores, el que mata la inteligencia y seca el alma, y deja huellas que no se borrarán jamás”(17).

Huellas que lo acompañaron para toda su vida. Se refiere a las úlceras provocadas por los grilletes, las cuales no sanaban completamente, recordemos que en esa época no existían los antibióticos y eran úlceras infectadas por la cal, el sudor, la sangre. Con frecuencia padecía de adenopatías inguinales, fiebre y dolores lo cual le impedía caminar. Las adenopatías son induraciones dolorosas, producidas por infecciones. Así lo recuerda el destacado investigador Alfonso Herrera Franjutty, de su etapa en México “… a principios de mayo enferma nuevamente. Aquel mal que adquiriera en las Canteras de San Lázaro le ocasionaba frecuentes infartos ganglionares de la ingle, y algunas fiebres…”(18). Fue tanto el sufrimiento por las úlceras que cuando escribe “El Presidio Político en Cuba”, utiliza en once oportunidades el término llaga, para referirse precisamente a las úlceras.

En Madrid se vincula a Carlos Sauvalle, al cual conocía desde La Habana y quien lo acoge cariñosamente con afectos de hermano mayor(19). Carlos había sido estudiante de Medicina y al verlo enfermo le insiste para visitar un médico, Martí inicialmente se niega, después a fines de abril, en el tercer mes de su estancia española, al ver agravado su estado de salud decide acompañarlo y luego de los estudios se diagnostica sarcoidosis(20-22). Se trata de una enfermedad de etiología desconocida, caracterizada por tubérculos epiteliales con necrosis que aparecen en cualquier órgano o tejido. Cursa con períodos de remisiones y recidivas, es decir, mejora un tiempo y vuelven los síntomas, como le sucedía a Martí. Entre sus manifestaciones clínicas se encuentran las afecciones respiratorias, de las cuales sufrió nuestro héroe nacional.

Luis Rodríguez Émbil recuerda de aquella época “en el primer invierno madrileño de Martí, invierno áspero y rudo, Sauvalle fue para aquel el compañero fraternal y fiel, la charla deleitosa que ahuyentaba la soledad de los primeros meses, el cicerone, el lazo de unión con los primeros conocidos. Y además era una evocación viviente de la Patria en común. Al resentirse Martí, ya al llegar la primavera, de la lesión recibida en las canteras, fue asimismo Sauvalle, el enfermero asiduo, el hermano solícito que allanó, como hermano, la urgencia de los gastos necesarios. Pues hubo de ser operado Martí”(23).

Efectivamente su salud se fue agravando y son llevados junto a su lecho de enfermo, los Doctores Hilario Candela y Gómez Pamo(22-24). Después de examinado el paciente, ambos médicos realizan entre ellos una discusión clínica y determinan que necesita ser operado por un tumor que se palpaba a nivel del testículo. Esta intervención quirúrgica se realizó a fines de noviembre. En cama todavía convaleciente se encontraba Martí cuando ocurre en La Habana el más triste de todos los crímenes de los voluntarios españoles, el fusilamiento de los estudiantes de Medicina(25).

Al año siguiente su salud continúa debilitándose y es necesario realizarle otras dos operaciones del testículo. El doloroso tumor resultó ser por los estudios anatomopatológicos un sarcocele(26). Este es un tumor duro y crónico según se consideraba en aquella época y no con características de malignidad como se acepta hoy en día, fue producido por el roce constante de la cadena que llevaba en el presidio. Recordemos la fotografía donde se aprecia la cadena muy cerca del testículo derecho. Siendo así fue operado tres veces en Madrid. Planteamiento que defendemos apoyándonos en el importante testimonio ofrecido por Fermín Valdés Domínguez, su hermano del alma, que ya para entonces lo acompañaba en Madrid(27) “Martí estaba muy enfermo en julio de 1872. Dos veces los habían operado de un sarcocele…Los doctores Candela y Gómez Pamo lo atendían. Acordaron operar de nuevo a Martí, y en aquella difícil intervención se vieron los defectos, ya irremediables de las anteriores. No quedó curado Martí”.

Jorge Mañach, uno de sus biógrafos más importantes, así lo relata(28) “Pepe estaba convaleciente de una tercera operación”. Afirmación que comparte Féliz Lizaso(29) “…acuerdan operarlo de nuevo. Al hacerlo comprueban los defectos, ya irremediables de las anteriores operaciones”. Carlos cuida de Martí durante varios meses. En el mes de agosto de 1872 ya recuperado, solicita matrícula en la Facultad de Derecho de la Universidad Central de Madrid. Guillermo de Zéndegui, describe en su texto “Ámbito de Martí”(30) y referente a los días de Madrid “los que lo vieron en su modesto cuarto de la casa de huéspedes de Doña Antonia, calle Desengaño, número diez; reclinado en el favor de un amigo, que lo era de todos los patriotas, Carlos Sauvalle, cuentan que más que el dolor de la lesión interna que le dejó el presidio, le atormentaba el recuero vivido en las canteras, la idea de su soledad, al evocación nostálgica de su hogar y de su Patria”.

Valdés Domínguez señala(31) “estaba delgado, sombrío de semblante, era un condenado a la muerte por la enfermedad”. Estas descripciones son reales testimonios del sufrimiento de Martí, en aquellos días. Puede apreciarse que al sufrimiento por las lesiones físicas, se sumaba el sufrimiento psíquico por la amarga temporada que había vivido en el presidio, por la ausencia de sus padres y la lejanía de su Patria. Cual no sería su estado de salud, cuando Valdés Domínguez recalca “era un condenado a la muerte por la enfermedad”.

Por esos días tiene un interesante encuentro con Manuel Fraga, otro cubano desterrado. Le acompaña un joven al que no conocía y le fue presentado, Manuel Zeno Gandía, sudamericano. Cuando el puertorriqueño le tendió la mano pronunció Martí las siguientes palabras(32) “Un momento… como usted no me conoce es preciso que apenas sepa antes si un hombre ultrajado que no ha tomado todavía la revancha de las injurias sufridas es digno que se estreche su mano… quiero que el señor aprecie por si mismo las injurias, Martí se quitó la camisa y según Gandía(33) “había en ella una terrible cicatriz que oblicuamente la abarcaba toda, dejando ver la huella cárdena de un latigazo que debió al producirse, formar una úlcera”.

En mayo de 1873, los médicos le aconsejan un cambio de clima por lo que se traslada junto a Fermín Valdés Domínguez, para continuar estudios en la Universidad de Zaragoza, capital de Aragón. Exactamente un año después, necesita regresar a Madrid “por causa de enfermedad…el sarcocele del presidio volvía a darle quehacer”(34). Viaje al que también hace alusión Rodríguez Émbil(35) “quebrantada su salud de nuevo, hace un corto viaje a Madrid. No estaba allí su gran amigo, Sauvalle. Regresó para licenciarse a Zaragoza”. Mayor confirmación al respecto la tenemos al leer el expediente personal de Martí.

Localizado en el Instituto de Zaragoza, por Roig de Leuchsenring, este importante documento conserva una nota dirigida al Rector, con fecha 11 de junio de 1874, donde Martí explica(36) “que ausente en Madrid por causa de enfermedad en los últimos días del mes pasado y en los primeros de este mes no ha podido hasta hoy solicitar examen de las asignaturas mencionadas”. Aceptada la solicitud, logró examinar las asignaturas pendientes y el 30 de junio de 1874 obtuvo el grado de Licenciado en Derecho Civil y Canónico. Se sentía mejor de salud, sobre todo en la esfera psíquica. Ya era un graduado universitario. Un mes después solicita matricular en la Facultad de Filosofía y Letras de la misma Universidad. Es interesante como no pierde tiempo en su preparación integral y a pesar de su salud continúa los estudios.

CONSIDERACIONES FINALES

Es evidente que en los primeros años de vida del apóstol padeció varias enfermedades físicas y psíquicas. Las úlceras provocadas por los grilletes se mantendrán durante toda su vida. Asimismo sucede con la sarcoidosis que si bien en España se manifestó por alteraciones respiratorias, luego aparecen otros síntomas y signos. Del tumor del testículo le realizaron tres operaciones en Madrid y no fueron las únicas.

A lo anterior hay que añadir el sufrimiento mental, un joven que desde los 16 años se encuentra preso alejado de sus padres y luego tiene que ir desterrado a España, donde otros sufrimientos lo esperaban. El dolor infinito, el dolor del presidio, el más rudo, el que deja huellas que no se borrarán jamás, no pudo disminuir la fortaleza del héroe. Y la fibra noble del alma se contrajo enérgica para hacer que nuestro Martí, pusiera siempre frente a la enfermedad, al hombre íntegro.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
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2.Ibídem.
3.Martí J. Epistolario. Tomo 1 1862-1887. Compilación, ordenación cronológica y notas de Luis García Pascual y Enrique H. Moreno Pla. Centro de Estudios Martianos. Editorial de Ciencias Sociales: La Habana, 1993:13.
4.de Quesada y Miranda G. Martí, hombre. Dibujos simbólicos por Oscar Salas. S Scoane, Fernández y Cía. Impresores Compostela 661: La Habana,1940:35-36
5.Toledo Sande L. Cesto de llamas. Biografía de José Martí. Editorial Ciencias Sociales: La Habana, 2000:25.
6.Martí J. Poesía completa. Edición crítica. Tomo 1. Editorial Letras Cubanas: La Habana, 2001:236.
7.Martí J. Epistolario. Ob. cit., T1 p.15.
8.Hidalgo Paz I. José Martí 1853-1895. Cronología. Centro de Estudios Martianos: La Habana, 2003:31.
9.Martí J. Poesía completa. Ob. cit., T2 p.15.
10.Martí J. El presidio político en Cuba. Editorial de Ciencias Sociales: La Habana, 1977:5-30.
11.Roig de Leuchsenring E. Martí en España. Academia de la Historia de Cuba. Imprenta El siglo XX: La Habana, 1938:76.
12.Roig de Leuchsenring E. Ob. cit., p.88.
13.Infiesta Bagés R. La experiencia de Martí. “Homenaje al apóstol José Martí en el centenario de su natalicio”. Facultad de Ciencias Sociales y Derecho Público de la Universidad de La Habana, 1953:1-6.
14.Roig de Leuchsenring E. Ob. cit., p.88.
15.Carricarte AR. Revista Martiana. La Habana, 1922:31.
16.Martí J. El presidio político en Cuba. Ob. cit., p.3.
17.Ibídem.
18.Herrera Franjutty A. Martí en México. Recuerdos de una época. Consejo Nacional para la Cultura y las Artes: México, D.F, 1996:160.
19.García Pascual L. Entorno martiano. Casa Editora Abril: Ciudad de La Habana, 2003:236.
20.Herrera Franjutty A. Ob. Cit., p.160.
21.Toledo Sande L. Ob. Cit., p.34.
22.Hidalgo Paz I. José Martí 1853-1895. Cronología. Centro de Estudios Martianos: La Habana, 2003:35.
23.Rodríguez Émbil L. José Martí, el santo de américa. Estudio Crítico-Biográfico. Primer Premio en el Concurso Literario Inter-americano de la Comisión Central Pro-Monumento a Martí, 1940. Imprenta P. Fernández y Cia: La Habana, 1941:41.
24.Rodríguez Expósito C. Médicos en la vida de Martí. Publicación del Ministerio de Salubridad y Asistencia Social: La Habana, 1955:21.
25.Lizaso F. Martí, místico del deber. Editorial Losada, S.A: Buenos Aires, 1940:68.
26.Valdés Domínguez F. Ofrenda de hermano, reproducido en Martí edición Gonzalo de Quesada y Aróstegui. Tomo XII. 1908:19.
27.Ibídem
28.Mañach J. Martí, el apóstol. Editorial de Ciencias Sociales: La Habana, 2001:37.
29.Lizaso F. Martí, místico del deber. Editorial Losada, S.A: Buenos Aires,
1940:72.
30.Zéndegui G. Ámbito de Martí. La Habana: Comisión Nacional Organizadora de los Actos y Ediciones del Centenario y del Monumento de Martí, 1953:8.
31.Valdés Domínguez F. Ob. Cit., p.19.
32.Zeno Gandía M. Cómo conocí a un caudillo. En “Yo conocí a Martí”. Testimonio. Selección y prólogo de Carmen Suárez León. Ediciones Capiro: Santa Clara, 1998:213-214. Tomado de Revista Cubana Vol XXIX, julio 1951-diciembre 1952:325-326.
33.Ibídem.
34.Mañach J. Martí, el apóstol. Ob. Cit., p.50.
35.Rodríguez Émbil L. José Martí, el santo de américa. Ob. Cit., p.62.
36.Roig de Leuchsenring E. Ob. cit., p.103.

Doctor Octavio Montoro y los primeros casos de diabetes tratados con insulina en Cuba

Dr. Dagoberto Alvárez Aldana Especialista de Primer Grado en Endocirnología. Hospital Provincial de Ciego de Avila. RESUMEN El uso clínico de la insulina por Banting y Best representa un hito en la historia de las ciencias médicas. Los avances en este campo han sido espectaculares y nuestro país no está ajeno a ellos. Sin embargo, poco se conoce sobre los primeros trabajos realizados por los médicos cubanos en relación con la insulinoterapia, hecho trascendental en la historia de la endocrinología cubana, pero desconocido principalmente para las nuevas generaciones de endocrinólogos. Esta revisión tiene como objetivos destacar la introducción en la clínica moderna de la insulina como un importante suceso en la historiografía médica cubana y divulgar la evolución clínica y el esquema terapéutico aplicado a los primeros casos de diabetes mellitus tratados con insulina en Cuba, así como resaltar el empeño y la capacidad de los profesionales de la salud pioneros en el uso clínico de la insulina en aquellos años, entre los que se destaca el Doctor Octavio Montoro. Para realizar este trabajo fue consultada la bibliografía médica de la época, archivos y otras fuentes. Como resultado se obtuvo que en Cuba se introdujo la insulina en el tratamiento de los pacientes diabéticos en febrero de 1923, por el Doctor Montoro, quien fue reconocido por sus conocimientos médicos y por su vasta cultura. Desempeñó múltiples cargos y recibió numerosas condecoraciones. Se concluyó que Cuba fue uno de los primeros países en el mundo que contó con la insulina como arma terapéutica contra la diabetes. El Doctor Octavio Montoro hizo importantes aportes en la investigación sobre la diabetes, por lo que merece ser considerado, a nuestro juicio, como el padre de la diabetología en nuestro país.

 

Profesor Guillermo García López (1905-1956), gran diabetólogo cubano

Dr. Dagoberto Alvárez Aldana Especialista de Primer Grado en Endocirnología. Hospital Provincial de Ciego de Avila RESUMEN Esbozamos en esta breve semblanza algunos datos biográficos del profesor doctor Guillermo Garcías López (1905-1956), notable pero casi desconocido galeno cubano. Resaltamos su labor profesional en el campo asistencial, docente y científico en nuestro país, que lo avalan como uno de los más importantes diabetólogos cubanos. Consultamos la bibliografía médica de la época, archivos, expedientes y otras fuentes para la realización de esta investigación. El doctor Guillermo García López, aporto mas de cincuentas contribuciones médicas, las cuales se publicaron en prestigiosas revistas dentro y fuera de Cuba. Sobresalió por sus estudios sobre la diabetes infantil, como se le llamaba en aquellos años, las mejores combinaciones insulinicas; el uso de insulina NPH; las hormonas adrenocorticotropicas (ACTH) y la cortisona, entre otros.

INTRODUCCIÓN

La práctica médica en nuestro país durante la primera mitad del siglo pasado estaba caracterizada, entre otras cosas, por la comercialización y el poco empeño para solucionar los problemas de salud de la inmensa mayoría del pueblo. Los adelantos científicos introducidos en aquellos años satisfacían, fundamentalmente, las demandas de las clases elites de la sociedad.

A pesar de todo, es indudable que estos aportes repercutieron favorablemente en el desarrollo de las ciencias médicas de entonces, período matizado por frecuentes crisis política. En este contexto no pocos profesionales, de diferentes especialidades de la medicina, van a descollar por sus valiosas contribuciones, que los van a hacer acreedores de renombre en el ámbito científico, tanto en nuestro país como en el extranjero.

Uno de estos talentosos médicos fue el profesor doctor Guillermo García López (1905-1956), su legado científico aportó mas de cincuenta contribuciones médicas, las cuales se publicaron en prestigiosas revistas dentro y fuera de Cuba, entre las que se encuentran: “Revista de Medicina y Cirugía de La Habana”, “Archivos de la Sociedad de Estudios Clínicos de La Habana”, “Anales de la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana”, “The Lancet”, “The Journal of the American Medical Association”, “The American Journal of the Medical Sciences” y otras.

En el campo de la endocrinología con valor sobresaliente son sus estudios sobre la diabetes infantil, como se le llamaba en aquellos años; las mejores combinaciones insulínicas; el uso de insulina NPH; las hormonas adrenocorticotropicas (ACTH) y la cortisona.

Pretendemos con esta breve semblanza esbozar algunos datos biográficos de este notable pero casi desconocido galeno y además resaltar su labor profesional en el campo asistencial, docente y científico, en nuestro país, que lo avalan como uno de los más importantes diabetólogos cubanos. Para obtener los datos que conforman esta investigación consultamos la bibliografía médica de la época, archivos, expedientes y otras fuentes.

APUNTES BIOGRAFICOS

El doctor Guillermo José García López nació en la provincia de Sancti Spíritus, el 4 de septiembre de 1905. Su padre se llamó José García Cañizares, natural de Sevilla, España, era doctor en farmacia y perteneció a una ilustre familia espirituana. Era hermano de Felipe García Cañizares, profesor sobresaliente y director del Jardín Botánico de la Universidad de La Habana y del general Santiago García Cañizares, autor de importantes obras de historia. Otros dos hermanos tenía, Amelia y Cecilia. La primera fue madre de Felipe, profesor del Instituto de La Habana y de Manuel que perteneció a la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales y a la Universidad de La Habana.

Una calle de Santi Spíritus lleva el nombre de “Pepe García Cañizares”. Don Pepe se casó con Maria de la Natividad López Trilles, natural de Santi Spíritus quien le dio seis hijos: Felipe, el mayor; Conchita que murió siendo niña, Maria, José, Guillermo y por último Manuel.

El doctor García López comenzó sus estudios de Bachillerato en el “Colegio de La Salle de La Habana” y los culminó en el Instituto de La Habana donde obtuvo el titulo de Bachiller en Letras y Ciencias el 17 de julio de 1922. En el curso 1922-1923 solicita la matricula del primer año en la Facultad de medicina y farmacia de la Universidad de la Habana. Allí conoce a Julio F. Schutte Visiedo, Laureano Falla Álvarez, Ramón Aixala Álvarez, Carlos Pérez Lamar y a José R. Buzzi Torralbas, a la postre notables médicos y grandes amigos. En esos años junto a Pérez Lamar organizó un pequeño negocio de copias de clases, para lo cual llegaron a crear un tipo abreviado de escritura. Estas reproducciones llegaron a tener éxito entre sus compañeros.
En el cuarto y quinto año de su carrera es eximido del pago de dos plazos de su matricula por obtener premios ordinarios en las asignaturas examinadas.

En noviembre de 1926 le confieren, por decreto rectoral, la plaza de ayudante alumno de la cátedra de Patología General numero 5, de la Escuela de Medicina, la cual obtuvo por oposición. Este mismo cargo lo ratifica dos años después pero en la cátedra número 6.

Durante los últimos años de estudio (1926-1928), tubo como maestro al profesor Carlos F. Cárdenas Pupo. García López realizó los ejercicios de grado de Doctor en Medicina en el Hospital “Nuestra Señora de las Mercedes” el 3 de agosto de 1928 obteniendo calificación de sobresaliente. El titulo fue expedido el 10 de agosto de ese año con el folio 48 y número 1236. También, por ejercicios de oposición, es nombrado ayudante graduado de la cátedra número 6 (Patología General con su clínica) de la Escuela de Medicina el 1 de octubre de 1929.

Después de graduado pasó a la sala Cabrera Saavedra del Hospital Universitario “General Calixto García”, con el profesor José Bisbé Alverni como director, donde comenzó a interesarse por las cuestiones de la nutrición. Obtuvo por oposición el nombramiento de profesor auxiliar el 24 de mayo de 1945.

En 1931 aparecen sus primeras publicaciones: “La alcalinoterapia en las emergencias del diabético” y “Tratamiento de la delgadez”, en los “Anales de Vías Digestivas, Sangre y Nutrición”.
El doctor Guillermo García López tuvo su primer gabinete en la calle San Lázaro No. 368 entre Espada y Hospital. Allí trabajó durante dos años con los compañeros de siempre; los doctores Aixalá, Falla y Schutte hasta 1930. Posteriormente creó su segunda consulta en la esquina de O y 19, en el Vedado, junto al los profesor Domingo F. Ramos Delgado, Fernando Milanés Álvarez y otros distinguidos médicos con el objetivo de fundar una clínica. Finalmente él y el doctor Milanés pusieron su consultorio, sociedad que duró hasta su muerte.

García López fue de los primeros médicos en ocuparse en Cuba de la diabetes infantil (1936). Tiene el mérito de ser el pionero en señalar las mejores asociaciones de las diferentes insulinas para el mejor logro del objetivo final del tratamiento del diabético (1939). Con el doctor Spies y un magnífico grupo de colaboradores, inició el estudio de la cortisona y el ACTH (1950-1951), el ácido fólico (1946), y la vitamina B12 (1950) a los que dedicaron unos vente y cinco trabajos. Fue el precursor en nuestro país en usar las insulinas puras danesas y las sulfas antidiabéticas. También fue el que inició el estudio de la insulina NPH y uno de los primeros en el mundo en aconsejar mezclas mas apropiadas para el tratamiento de casos particulares.

El doctor García López fue el primer entusiasta y estudioso de las insulinas lentas de Hadlas-Moeller en América, de moda en aquella época, siendo suya la observación de que con adecuadas mezclas de estas insulinas se puede resolver todos los casos.

En 1946 inició los trabajos sobre el ácido fólico llevados a cabo con la colaboración del profesor Tom D. Spies, de Birmingham, Alabama, Estados Unidos de Norteamérica hasta 1952.
Durante este tiempo público numerosos artículos con abundancia de primeras noticias para la ciencia universal, como por ejemplo, el hallazgo de que el ácido fólico y la vitamina B12, etc., son factores que intervienen en diferentes fases de la hematopoyesis y por ello son importante en el tratamiento de las diferentes anemias.

Mas de cincuentas contribuciones médicas es el legado científico de García López a nuestra patria. Con valor sobresaliente son sus estudios sobre la diabetes infantil, como se le llamaba en aquellos años, las mejores combinaciones insulinicas; el uso de insulina NPH; sobre el ácido fólico, la vitamina B12; las hormonas adrenocorticotropicas (ACTH) y la cortisona.

Su último trabajo científico fue presentado en la “Sociedad Cubana de Endocrinología” el miércoles, 29 de febrero de 1956, titulado: “Nuevos medicamentos antidiabéticos: Insulinas “lentes” danesas y primeras experiencias con la N¨- sulfanilil - N2 - n - butil – carbamina (BZ55) por vía oral”.

Se desempeñó como profesor de la Cátedra de Patología General y Jefe del Servicio de Investigaciones de Endocrinología y Metabolismo. En 1944 fue nombrado para integrar con carácter provisional la junta de gobierno del Hospital “General Calixto García” y en ese mismo año inaugura el Primer Taller de Nutrición en el Instituto Finlay. Fue designado representante de la Escuela de Medicina para integrar el Instituto Nacional de Alimentación en Abril de 1947. En 1952, por acuerdo de consejo universitario, formó parte del tribunal que juzgo lo ejercicios de concurso-oposición para profesor auxiliar de la cátedra de Patología Médica. Presidió la Sociedad Cubana de Endocrinología y ocupó altos cargos en la Sociedad Médica Panamericana.

Fue miembro de numerosas sociedades médicas tanto en nuestro país como en el extranjero entre las que se encuentra la Sociedad de Estudios Clínicos de La Habana, la Sociedad Cubana de Pediatría, la Endocrine Society, la American Diabetes Asociation y el Medical College of Physicians, las tres últimas en los Estados Unidos.

Un contemporáneo lo describió así: “(…) siempre lo vimos muy delgado, mas bien alto, y muy cargado de espaldas. El pelo algo claro, meticulosamente despeinado, le daba un cierto aire bohemio. Los ojos vivos, inquisitivos, profundamente incrustados en unas cuencas al parecer sin fondos, unas veces si y otras no cubiertos por lentes, a veces miraba con tristeza y eran lo mas desconcertantes en él. Nariz larga y boca amplia, en una cara perfectamente leptosomática, completaba su fisonomía. El tipo morfológico intensamente asténico, musculosamente flojo, lo predisponía al cansancio físico y la depresión espiritual. Su temperamento intensamente introvertido lo forzaba a vivir aislado, separado de los demás, rehuyendo al alivio indudable del apoyo amigo.” 1

A la caracterización sicológica antes descrita se asociaban las lesiones uretrales posinfecciosas que le hacían en extremo penosa la micción, esto lo atormentó durante toda su vida y se sentía obligado a rehuir los lugares públicos por este motivo. También padeció de artritis reumatoidea que llegó a dificultarle notablemente el uso de la mano derecha, para lo cual empleó cortisona como tratamiento, siendo uno de los primeros pacientes en el mundo en usar esta terapéutica. Fue portador de un glaucoma crónico que lo preocupó en extremo por temor a perder la visión.
Contrajo matrimonio con la señora Antolina Sotolongo, este fue de muy corta duración y sin descendencia.
Este notable diabetólogo cubano, tal vez el más importante en la historia médica de nuestro país, se suicida, en La Habana, el 7 de noviembre de 1956.

PRODUCCIÓN CIENTÍFICA DEL DOCTOR GUILLERMO GARCÍA LÓPEZ

1.García López G. La Alcalinoterapia en las emergencias del diabético. Anal Vías Dig, Sang Nutr La Habana 1931; 4 (1): 1-8 (Reproducción del trabajo anterior por la Revista Crón Méd Mex, marzo, 1932)
2.García López G. Tratamiento de la delgadez. Anal Vías Dig, Sang Nutr, La Habana, 1931; 4 (3): 88-97
3.García López G. Modelo de historia clínica para la exploración del sistema neurovegetativo (Del servicio de la cátedra de patología general con su clínico). Anal Vías Dig Sang y Nutr, La Habana, 1931; 4 (3): 93-97
4.García López G. La Dietoterapia de emergencia en el diabético complicado. Rev Med Cir Hab, La Habana, 1932; 37 (3): 173-234
5.García López G. Contribución al estudio de la diabetes infantil. Bol Soc Cub Ped, La Habana, 1936; 8(10): 619-686.
6.Hurtado F., García López G. Contribución al estudio del niño diabético. Bol Soc Cub Ped, La Habana, 1936; 8(12): 806-813.
7.García López G. Basedow sin Hipertiroidismo. Arch Soc Estud Clín Hab, La Habana, 1937; 31 (3): 175-86
8.Milanes Álvarez F., García López G. Contribución al tratamiento de los diabéticos hepáticos. Rev Vida Nueva, La Habana, 1937; 39 (3): 170-78
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BIBLIOGRAFIA CONSULTADA

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2.Universidad de La Habana. Archivo Histórico. Exped. Est. 10966 (Dr. Guillermo García López).
3.Universidad de La Habana. Archivo Histórico. Exped. Adm. 7410 (Dr. Guillermo García López).

Profesor Guillermo García López (1905-1956), gran diabetólogo cubano

Dr. Dagoberto Alvárez Aldana Especialista de Primer Grado en Endocirnología. Hospital Provincial de Ciego de Avila
 
RESUMEN
Esbozamos en esta breve semblanza algunos datos biográficos del profesor doctor Guillermo Garcías López (1905-1956), notable pero casi desconocido galeno cubano. Resaltamos su labor profesional en el campo asistencial, docente y científico en nuestro país, que lo avalan como uno de los más importantes diabetólogos cubanos. Consultamos la bibliografía médica de la época, archivos, expedientes y otras fuentes para la realización de esta investigación. El doctor Guillermo García López, aporto mas de cincuentas contribuciones médicas, las cuales se publicaron en prestigiosas revistas dentro y fuera de Cuba. Sobresalió por sus estudios sobre la diabetes infantil, como se le llamaba en aquellos años, las mejores combinaciones insulinicas; el uso de insulina NPH; las hormonas adrenocorticotropicas (ACTH) y la cortisona, entre otros.

INTRODUCCIÓN

La práctica médica en nuestro país durante la primera mitad del siglo pasado estaba caracterizada, entre otras cosas, por la comercialización y el poco empeño para solucionar los problemas de salud de la inmensa mayoría del pueblo. Los adelantos científicos introducidos en aquellos años satisfacían, fundamentalmente, las demandas de las clases elites de la sociedad.

A pesar de todo, es indudable que estos aportes repercutieron favorablemente en el desarrollo de las ciencias médicas de entonces, período matizado por frecuentes crisis política. En este contexto no pocos profesionales, de diferentes especialidades de la medicina, van a descollar por sus valiosas contribuciones, que los van a hacer acreedores de renombre en el ámbito científico, tanto en nuestro país como en el extranjero.

Uno de estos talentosos médicos fue el profesor doctor Guillermo García López (1905-1956), su legado científico aportó mas de cincuenta contribuciones médicas, las cuales se publicaron en prestigiosas revistas dentro y fuera de Cuba, entre las que se encuentran: “Revista de Medicina y Cirugía de La Habana”, “Archivos de la Sociedad de Estudios Clínicos de La Habana”, “Anales de la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana”, “The Lancet”, “The Journal of the American Medical Association”, “The American Journal of the Medical Sciences” y otras.

En el campo de la endocrinología con valor sobresaliente son sus estudios sobre la diabetes infantil, como se le llamaba en aquellos años; las mejores combinaciones insulínicas; el uso de insulina NPH; las hormonas adrenocorticotropicas (ACTH) y la cortisona.

Pretendemos con esta breve semblanza esbozar algunos datos biográficos de este notable pero casi desconocido galeno y además resaltar su labor profesional en el campo asistencial, docente y científico, en nuestro país, que lo avalan como uno de los más importantes diabetólogos cubanos. Para obtener los datos que conforman esta investigación consultamos la bibliografía médica de la época, archivos, expedientes y otras fuentes.

APUNTES BIOGRAFICOS

El doctor Guillermo José García López nació en la provincia de Sancti Spíritus, el 4 de septiembre de 1905. Su padre se llamó José García Cañizares, natural de Sevilla, España, era doctor en farmacia y perteneció a una ilustre familia espirituana. Era hermano de Felipe García Cañizares, profesor sobresaliente y director del Jardín Botánico de la Universidad de La Habana y del general Santiago García Cañizares, autor de importantes obras de historia. Otros dos hermanos tenía, Amelia y Cecilia. La primera fue madre de Felipe, profesor del Instituto de La Habana y de Manuel que perteneció a la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales y a la Universidad de La Habana.

Una calle de Santi Spíritus lleva el nombre de “Pepe García Cañizares”. Don Pepe se casó con Maria de la Natividad López Trilles, natural de Santi Spíritus quien le dio seis hijos: Felipe, el mayor; Conchita que murió siendo niña, Maria, José, Guillermo y por último Manuel.

El doctor García López comenzó sus estudios de Bachillerato en el “Colegio de La Salle de La Habana” y los culminó en el Instituto de La Habana donde obtuvo el titulo de Bachiller en Letras y Ciencias el 17 de julio de 1922. En el curso 1922-1923 solicita la matricula del primer año en la Facultad de medicina y farmacia de la Universidad de la Habana. Allí conoce a Julio F. Schutte Visiedo, Laureano Falla Álvarez, Ramón Aixala Álvarez, Carlos Pérez Lamar y a José R. Buzzi Torralbas, a la postre notables médicos y grandes amigos. En esos años junto a Pérez Lamar organizó un pequeño negocio de copias de clases, para lo cual llegaron a crear un tipo abreviado de escritura. Estas reproducciones llegaron a tener éxito entre sus compañeros.
En el cuarto y quinto año de su carrera es eximido del pago de dos plazos de su matricula por obtener premios ordinarios en las asignaturas examinadas.

En noviembre de 1926 le confieren, por decreto rectoral, la plaza de ayudante alumno de la cátedra de Patología General numero 5, de la Escuela de Medicina, la cual obtuvo por oposición. Este mismo cargo lo ratifica dos años después pero en la cátedra número 6.

Durante los últimos años de estudio (1926-1928), tubo como maestro al profesor Carlos F. Cárdenas Pupo. García López realizó los ejercicios de grado de Doctor en Medicina en el Hospital “Nuestra Señora de las Mercedes” el 3 de agosto de 1928 obteniendo calificación de sobresaliente. El titulo fue expedido el 10 de agosto de ese año con el folio 48 y número 1236. También, por ejercicios de oposición, es nombrado ayudante graduado de la cátedra número 6 (Patología General con su clínica) de la Escuela de Medicina el 1 de octubre de 1929.

Después de graduado pasó a la sala Cabrera Saavedra del Hospital Universitario “General Calixto García”, con el profesor José Bisbé Alverni como director, donde comenzó a interesarse por las cuestiones de la nutrición. Obtuvo por oposición el nombramiento de profesor auxiliar el 24 de mayo de 1945.

En 1931 aparecen sus primeras publicaciones: “La alcalinoterapia en las emergencias del diabético” y “Tratamiento de la delgadez”, en los “Anales de Vías Digestivas, Sangre y Nutrición”.
El doctor Guillermo García López tuvo su primer gabinete en la calle San Lázaro No. 368 entre Espada y Hospital. Allí trabajó durante dos años con los compañeros de siempre; los doctores Aixalá, Falla y Schutte hasta 1930. Posteriormente creó su segunda consulta en la esquina de O y 19, en el Vedado, junto al los profesor Domingo F. Ramos Delgado, Fernando Milanés Álvarez y otros distinguidos médicos con el objetivo de fundar una clínica. Finalmente él y el doctor Milanés pusieron su consultorio, sociedad que duró hasta su muerte.

García López fue de los primeros médicos en ocuparse en Cuba de la diabetes infantil (1936). Tiene el mérito de ser el pionero en señalar las mejores asociaciones de las diferentes insulinas para el mejor logro del objetivo final del tratamiento del diabético (1939). Con el doctor Spies y un magnífico grupo de colaboradores, inició el estudio de la cortisona y el ACTH (1950-1951), el ácido fólico (1946), y la vitamina B12 (1950) a los que dedicaron unos vente y cinco trabajos. Fue el precursor en nuestro país en usar las insulinas puras danesas y las sulfas antidiabéticas. También fue el que inició el estudio de la insulina NPH y uno de los primeros en el mundo en aconsejar mezclas mas apropiadas para el tratamiento de casos particulares.

El doctor García López fue el primer entusiasta y estudioso de las insulinas lentas de Hadlas-Moeller en América, de moda en aquella época, siendo suya la observación de que con adecuadas mezclas de estas insulinas se puede resolver todos los casos.

En 1946 inició los trabajos sobre el ácido fólico llevados a cabo con la colaboración del profesor Tom D. Spies, de Birmingham, Alabama, Estados Unidos de Norteamérica hasta 1952.
Durante este tiempo público numerosos artículos con abundancia de primeras noticias para la ciencia universal, como por ejemplo, el hallazgo de que el ácido fólico y la vitamina B12, etc., son factores que intervienen en diferentes fases de la hematopoyesis y por ello son importante en el tratamiento de las diferentes anemias.

Mas de cincuentas contribuciones médicas es el legado científico de García López a nuestra patria. Con valor sobresaliente son sus estudios sobre la diabetes infantil, como se le llamaba en aquellos años, las mejores combinaciones insulinicas; el uso de insulina NPH; sobre el ácido fólico, la vitamina B12; las hormonas adrenocorticotropicas (ACTH) y la cortisona.

Su último trabajo científico fue presentado en la “Sociedad Cubana de Endocrinología” el miércoles, 29 de febrero de 1956, titulado: “Nuevos medicamentos antidiabéticos: Insulinas “lentes” danesas y primeras experiencias con la N¨- sulfanilil - N2 - n - butil – carbamina (BZ55) por vía oral”.

Se desempeñó como profesor de la Cátedra de Patología General y Jefe del Servicio de Investigaciones de Endocrinología y Metabolismo. En 1944 fue nombrado para integrar con carácter provisional la junta de gobierno del Hospital “General Calixto García” y en ese mismo año inaugura el Primer Taller de Nutrición en el Instituto Finlay. Fue designado representante de la Escuela de Medicina para integrar el Instituto Nacional de Alimentación en Abril de 1947. En 1952, por acuerdo de consejo universitario, formó parte del tribunal que juzgo lo ejercicios de concurso-oposición para profesor auxiliar de la cátedra de Patología Médica. Presidió la Sociedad Cubana de Endocrinología y ocupó altos cargos en la Sociedad Médica Panamericana.

Fue miembro de numerosas sociedades médicas tanto en nuestro país como en el extranjero entre las que se encuentra la Sociedad de Estudios Clínicos de La Habana, la Sociedad Cubana de Pediatría, la Endocrine Society, la American Diabetes Asociation y el Medical College of Physicians, las tres últimas en los Estados Unidos.

Un contemporáneo lo describió así: “(…) siempre lo vimos muy delgado, mas bien alto, y muy cargado de espaldas. El pelo algo claro, meticulosamente despeinado, le daba un cierto aire bohemio. Los ojos vivos, inquisitivos, profundamente incrustados en unas cuencas al parecer sin fondos, unas veces si y otras no cubiertos por lentes, a veces miraba con tristeza y eran lo mas desconcertantes en él. Nariz larga y boca amplia, en una cara perfectamente leptosomática, completaba su fisonomía. El tipo morfológico intensamente asténico, musculosamente flojo, lo predisponía al cansancio físico y la depresión espiritual. Su temperamento intensamente introvertido lo forzaba a vivir aislado, separado de los demás, rehuyendo al alivio indudable del apoyo amigo.” 1

A la caracterización sicológica antes descrita se asociaban las lesiones uretrales posinfecciosas que le hacían en extremo penosa la micción, esto lo atormentó durante toda su vida y se sentía obligado a rehuir los lugares públicos por este motivo. También padeció de artritis reumatoidea que llegó a dificultarle notablemente el uso de la mano derecha, para lo cual empleó cortisona como tratamiento, siendo uno de los primeros pacientes en el mundo en usar esta terapéutica. Fue portador de un glaucoma crónico que lo preocupó en extremo por temor a perder la visión.
Contrajo matrimonio con la señora Antolina Sotolongo, este fue de muy corta duración y sin descendencia.
Este notable diabetólogo cubano, tal vez el más importante en la historia médica de nuestro país, se suicida, en La Habana, el 7 de noviembre de 1956.

PRODUCCIÓN CIENTÍFICA DEL DOCTOR GUILLERMO GARCÍA LÓPEZ

1.García López G. La Alcalinoterapia en las emergencias del diabético. Anal Vías Dig, Sang Nutr La Habana 1931; 4 (1): 1-8 (Reproducción del trabajo anterior por la Revista Crón Méd Mex, marzo, 1932)
2.García López G. Tratamiento de la delgadez. Anal Vías Dig, Sang Nutr, La Habana, 1931; 4 (3): 88-97
3.García López G. Modelo de historia clínica para la exploración del sistema neurovegetativo (Del servicio de la cátedra de patología general con su clínico). Anal Vías Dig Sang y Nutr, La Habana, 1931; 4 (3): 93-97
4.García López G. La Dietoterapia de emergencia en el diabético complicado. Rev Med Cir Hab, La Habana, 1932; 37 (3): 173-234
5.García López G. Contribución al estudio de la diabetes infantil. Bol Soc Cub Ped, La Habana, 1936; 8(10): 619-686.
6.Hurtado F., García López G. Contribución al estudio del niño diabético. Bol Soc Cub Ped, La Habana, 1936; 8(12): 806-813.
7.García López G. Basedow sin Hipertiroidismo. Arch Soc Estud Clín Hab, La Habana, 1937; 31 (3): 175-86
8.Milanes Álvarez F., García López G. Contribución al tratamiento de los diabéticos hepáticos. Rev Vida Nueva, La Habana, 1937; 39 (3): 170-78
9.García López G. Traitement Par L’Insuline Protamine-Zinc. L’Anne Therapeutique (Referencia hecha por el Profesor A. Ravina del método de asociación de la protamina zinc insulina con la insulina regular, por el Dr. García López. incluyendo las indicaciones del misma). 1939
10.García López G. Nueva experiencia con la protamina zinc-insulina. Exposición de un nuevo método de asociación. An Acad Cien Méd Fís Nat Hab, La Habana, 1939-1940; 76: 89-113
11.García López G. Técnica personal de la asociación de la protamina con la insulina regular. Actas y Trabajos del II Congreso Pan-Americano de Endocrinología. Montevideo, Uruguay, 1942; t.3: 128
12.García López G. Presentación de un caso de enfermedad de Barraquer-Simons, con adenoma hipofisario. Arch Soc Estud Clín Hab, La Habana, 1951; 3: 183
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15.García López G. La nutrición y la guerra. Instrucciones generales para la confección de una ración alimenticia adecuada. (Trabajos de divulgación alimenticia en cooperación con el Coordinatión Comité) La Habana, 1942
16.García López G. Informe del sub-comité de alimentación incluyendo la moción presentada al VIII Congreso Médico Nacional y modelos de dietas racionales de costo libre y de costo moderado, en cooperación con la Sra. Silvia Herrero de Campo.1942; Mayo-Junio: 79
17.García López G. Dietas completas y suficientes (Presentadas en la sección médica del I Congreso Nacional de Alimentación.) Tribuna Médico, La Habana, 1954; 4: 61
18.García López G., Spies D. T., Milanes F., López Toca R., Reboredo A. Estado actual de nuestras experiencias con ACTH y Cortisone (Trabajo presentado en la Primera Conferencia Internacional sobre ACTH y Cortisone celebrada en La Habana. el 13 de enero de 195l). Bol Col Méd Hab, La Habana, 1951; 2 (6): 243-74
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