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Cuatro reliquias bibliográficas de la medicina cubana

Lic. José Antonio López Espinosa
Centro Nacional de Información de Ciencias Médicas

Uno de los mayores deleites que proporciona el estudio de los hechos y manifestaciones de la actividad humana pasada, es poder advertir la reaparición de acontecimientos, asuntos o personas en ocasiones olvidados, poco o nada conocidos y hasta menospreciados en su justo valor. Al pasar la mirada por la historia, conforta el ánimo saber la asiduidad con que han aparecido individuos de poderoso y elevado intelecto, capaces de sondear los problemas del universo y de encontrarles solución con un invento, con un descubrimiento o con una acción que luego queda para la posteridad. Por ello esas personas, además de cumplidos exponentes del medio y de la época en que existieron y se formaron, permanecen en el tiempo y en la eternidad.
Por ejemplo, el invento de la imprenta por el alemán Johannes Gutenberg ha sido uno de los más fecundos de los realizados por el hombre, pues gracias a él se pudo difundir con más rapidez la cultura y pasar, a partir de finales de la primera mitad del siglo XV, de la etapa del manuscrito reservado a unos pocos afortunados, a la de la edición de miles de ejemplares de documentos al alcance de todos. Este invento fue pues de tal trascendencia, que junto con el descubrimiento de América estableció una nueva era en la historia de la humanidad: la Edad Moderna.
Una de las ciencias más beneficiadas en principio con la aparición de la imprenta fue la medicina, pues como ciencia eminentemente práctica y basada en la observación, necesitaba un medio para divulgar los últimos conocimientos a quienes la ejercían. Fue precisamente la existencia de la imprenta lo que posibilitó a los médicos aplicar un tratamiento por primera vez en cualquier parte del entonces mundo civilizado poco tiempo después de haber sido descubierto.(1)
Otro aspecto importante en cuanto a la significación de la imprenta, aparte de su función inicial de unir a los médicos de todos los confines del planeta a través de la comunicación científica, es haber sido el vehículo fundamental para evaluar la evolución de la medicina en particular y la de las ciencias de la salud en general desde los tiempos de Hipócrates hasta la época actual.
Los inicios del movimiento científico cubano se remontan al siglo XVII y el primer libro de este tipo producido en la isla se escribió por el médico de origen español Lázaro de Flores y Navarro.(2) Este libro, titulado Arte de Navegar, se imprimió en Madrid, España, en 1673, por cuanto la técnica de la impresión de Gutenberg no había llegado todavía a la mayor de las Antillas.(3)

LA PRIMERA OBRA IMPRESA EN CUBA

Según resultados de estudios de la bibliografía médica nacional, realizados por el doctor Manuel Pérez Beato, la imprenta se introdujo en Cuba aproximadamente en 1720, es decir, casi tres siglos después de haberse inventado.(4) En 1910, este erudito historiador médico de origen español descubrió el primer documento impreso en el país, a saber, un folleto que con el título de Tarifa general de precios de medicinas fue mandado a reproducir en el taller del impresor Carlos Habré en La Habana por el protomédico doctor Francisco de Teneza, y en el cual aparecen relacionados en orden alfabético los nombres de los medicamentos con sus respectivos precios puestos en vigor durante 1723.(5,6)
Este folleto, además de constituir una verdadera e indiscutible reliquia de la bibliografía cubana en general, tiene la importancia particular de ser una obra médica, en la cual se consignan muchos datos curiosos de las medicinas empleadas por los galenos de aquella época. En la relación de las drogas, se observa un gran número de medicamentos, además de un singular vocabulario de sus nombres, algunos de los cuales no se han encontrado ni en las antiguas farmacopeas. Entre las páginas V y VII del folleto y con el título de ELUCIDARIO, se exponen los argumentos que justificaban su publicación y el auto del doctor Teneza, donde ordenaba la formación del arancel. A éste le siguen 26 páginas, en las cuales aparecen los 187 medicamentos que se debían vender y sus precios. Esta información tiene hoy día un gran valor, por cuanto permite conocer la terapéutica aplicada en aquella época, así como las posibilidades de beneficiarse con ella por parte de las capas más pobres de la población de entonces.(7)
El único ejemplar de este viejo documento, que aún se conserva en la Biblioteca Nacional “José Martí”, tiene algunas de sus partes remendadas, además de escritos a mano con tinta varios renglones ya desaparecidos por la rotura del papel original. No está foliado ni tiene signaturas y está impreso en hojas sueltas. En la parte superior de su portada se ve el escudo real español y debajo se lee con la ortografía de la época:
“Tarifa general de precios de medicinas. En la Havana, con licencia de los superiores, en la imprenta de Carlos Habré, 1723”.

LA PRIMERA PUBLICACIÓN PERIÓDICA CUBANA

Antes de la ocupación de La Habana por los ingleses en 1762, constituían una rareza los documentos que se publicaban, aún después de la introducción de la imprenta en 1720 y del comienzo de la vida intelectual en Cuba con la fundación de la Universidad en 1728. Hay que llegar pues al gobierno de Luis de las Casas, para comenzar a hablar de los factores que condicionaron las acciones sistemáticas en tal sentido. Al tomar posesión del mando de la isla en julio de 1790, este gobernante notó que no había en ella nada donde divulgar siquiera las noticias oficiales. Por ello pensó establecer un periódico y, de acuerdo con su amigo, el célebre médico cubano Tomás Romay Chacón, y con Diego de la Barrera -quien ya en 1782 había dado a la publicidad una hoja de anuncios denominada La Gazeta-, decidió fundar la que había de ser la primera publicación periódica de Cuba.
El 24 de octubre de 1790 comenzó a circular con el título de Papel Periódico de la Havana esta publicación, en cuyas páginas se conserva mucha información valiosa para la historia de Cuba. En ellas aparecen, entre otras cosas, artículos sobre agricultura, comercio, hidráulica, moral, religión, legislación, arquitectura, pirotécnica, química, física, higiene y medicina. Los artículos médicos abordaban sobre todo las afecciones prevalecientes en cada mes y su relación con los cambios climatológicos. Se reproducían también trabajos antes publicados en revistas europeas y se emitían criterios acerca de algunas enfermedades como la tisis, el tétanos del recién nacido y la fiebre amarilla, entre otras.(8)
Tras la fundación de la Sociedad Patriótica de Amigos del País de la Havana por el propio las Casas el 9 de enero de 1793, éste propuso al cuerpo directivo de la nueva corporación se ocupara del manejo del periódico. Así, con la acertada dirección de su fundador y con el valioso apoyo que éste recibió de varios intelectuales, la publicación adquirió mucho más auge. El 10 de noviembre del mismo año, el doctor Romay publicó, con el seudónimo de Tomás Moro, su primer artículo de carácter médico en el Papel Periódico de la Havana, en el cual se opuso a las pretendidas virtudes de una receta general contra la elefancia, la alferecía, la hidropesía y otras enfermedades.(9)
En su primer año de circulación (1790), vieron la luz sólo diez números que se publicaron los domingos. A partir de 1791 comenzó a salir los jueves y domingos y así se mantuvo hasta 1805.(10)

EL PRIMER DOCUMENTO CIENTÍFICO DE LA BIBLIOGRAFÍA MÉDICA CUBANA

La fundación de la Sociedad Patriótica de Amigos del País de la Havana en 1793, trajo consigo la publicación de sus Memorias a partir del año siguiente y, con ello, la aparición de una fuente de inestimable valor para todo aquel que quiera conocer en detalle la historia de Cuba. Tanto en el Papel Periódico de la Havana, como en las Memorias de la Sociedad Patriótica de Amigos del País, aparecía en primera línea el nombre de Tomás Romay, quien dio a conocer desde sus páginas muchas particularidades sobre las vacunas, los cementerios y la fiebre amarilla, entre otros aspectos.
En Junta Ordinaria de la Sociedad Patriótica de Amigos del País, celebrada 5 de abril de 1797, el doctor Romay leyó su Disertación sobre la fiebre maligna llamada vulgarmente vómito negro, enfermedad epidémica de las Indias Occidentales. Esta conferencia produjo tal entusiasmo y fervor científico, que los médicos asistentes a dicha reunión la consideraron la memoria con la que mejor tino y erudición se había tratado una enfermedad sobre la cual tanto se trabajaba. Por ello recomendaron su impresión y reproducción en el más breve plazo y la remisión de varios ejemplares al Tribunal del Protomedicato. Dicho sea de paso, esta Junta del 5 de abril de 1797 fue la primera reunión científica de los médicos cubanos.(11) En la sesión siguiente se leyó la apología de varios médicos a la memoria escrita por Romay y se acordó su impresión. Lamentablemente el acuerdo no se cumplió y ello impidió conocer el juicio crítico de estos médicos a la disertación, impresa el 2 de noviembre de 1797.
El autor de esta monografía hizo atinadas observaciones sobre las épocas propicias para la ocurrencia de la fiebre amarilla; describió en forma brillante sus síntomas y brindó un adecuado fundamento del método preventivo, según el criterio por él sostenido, del carácter no contagioso de la enfermedad.(12) En el documento se pueden apreciar también profundos conocimientos de Romay sobre la historia natural, el clima, los insectos, las maderas, la agricultura y el comercio de la isla, expuestos con bello estilo y elevado poder de síntesis.
La disertación tiene un significado inapreciable, pues a su condición de una de las mejores monografías publicadas en aquella época sobre fiebre amarilla -al punto que le mereció a su autor el premio de Socio Corresponsal de la Real Academia de Madrid-,(13) une la de ser el documento que inauguró la bibliografía cientificomédica en Cuba, a pesar de que desde 1790 el propio Romay y otros médicos de la época tenían la oportunidad de plasmar por escrito sus observaciones en el Papel Periódico de la Havana y en las ya mencionadas Memorias de la Sociedad Patriótica de Amigos del País.
Así quedó para la historia como fecha de despegue de la bibliografía cientificomédica cubana el 5 de abril de 1797, día en que se reunieron por primera vez los médicos cubanos para discutir temas de carácter científico.

LA PRIMERA REVISTA MÉDICA CUBANA

Otro ilustre médico cubano, el doctor Nicolás José Gutiérrez Hernández, fue protagonista de innumerables acontecimientos importantes para la historia de la medicina nacional. Entre muchos otros de sus aportes se pueden mencionar que como cirujano se destacó por haber sido el primero en practicar en su país la talla hipogástrica, la tenotomía y la litotricia; extraer un pólipo uterino; tratar las fracturas con el vendaje inmovilizador; curar la hidrocele con inyección de tintura de yodo y emplear el cloroformo para la ablación del cáncer de mama.(14) Como Regidor y Teniente Alcalde del Cabildo habanero contribuyó notablemente al desarrollo cultural de la ciudadanía y a la educación de la niñez.(15) Como docente aplicó métodos que transformaron la teoría en práctica e inauguró el primer curso de clínica quirúrgica impartido en La Habana y como científico se distinguió como fundador de la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana -la actual Academia de Ciencias de Cuba- y de la primera revista médica cubana.(8)
El surgimiento de esta revista que comenzó a circular en 1840 con el título de Repertorio Médico Habanero, significó una verdadera hazaña cultural en Cuba, pues antes de ese año los médicos criollos sólo podían divulgar sus observaciones en pocos espacios disponibles en el Papel Periódico de la Havana y en las Memorias de la Sociedad Patriótica de Amigos del País. Por ello esta revista, la pionera de más de 60 títulos dedicados a las ciencias de la salud surgidos durante la segunda mitad del siglo XIX, salió con el objetivo de dar a conocer los avances de la medicina cubana y con el deseo de que los médicos del patio contaran con un lugar donde ofrecer sus aportes para el auge de la profesión.
Bajo la dirección de su fundador, quien contó para la redacción con el apoyo de los doctores Ramón Manuel Zambrana Valdés y Luis Costales Govantes, vio la luz su primera entrega en noviembre de 1840. Cada número, con un formato de 25 por 16 centímetros y 16 páginas, se dividía en cuatro secciones. La primera, CLÍNICA MÉDICO QUIRÚRGICA, brindaba información sobre la constitución médica, las enfermedades prevalecientes en el mes anterior, el estado de los hospitales y las observaciones y reflexiones en relación con los efectos de los medicamentos aplicados a distintas afecciones. La segunda sección divulgaba trabajos originales de medicina y de otras ramas afines de la ciencia. La tercera, con el nombre de BIBLIOGRAFÍA, daba a conocer obras nuevas de las que a veces se hacían reseñas críticas o extractos de su contenido. La cuarta y última sección, VARIEDADES, contenía sobre todo anuncios de medicamentos permitidos y prohibidos en Francia, además de otras noticias que por su naturaleza no cabían en las demás secciones.(16)
El primer tomo, que tuvo 12 entregas mensuales, abarcó de noviembre de 1840 a octubre de 1841. Ahí se interrumpió la publicación por problemas financieros hasta el 16 de julio de 1842, en que inició una segunda serie con frecuencia quincenal y el doctor Cayetano Lanuza como redactor en sustitución de Zambrana. De la segunda serie, que se extendió hasta el 16 de febrero de 1843, se editaron también 12 números que salían los días 1ro. y 16 de cada mes. La tercera serie abarcó del 1ro. de marzo al 16 de agosto de 1843, mientras de la cuarta y última hubo sólo cuatro entregas del 1ro. de septiembre al 16 de octubre del mismo año.
Entre noviembre de 1840 y octubre de 1843 se produjeron 40 números del Repertorio Médico Habanero, en cuyas páginas se atesoran 355 trabajos sobre 294 temas generales. El promedio de trabajos por entrega fue de 6,7 y los aspectos más abordados fueron morbilidad con 51 apariciones, mortalidad con 49, así como admisión y alta del paciente, tratados en 35 ocasiones cada uno.

CONSIDERACIÓN GENERAL

En este artículo se ha tratado de dar a la publicidad una pequeña fracción de la herencia bibliográfica médica nacional, legada por las generaciones anteriores de médicos cubanos, la cual se debe conservar y estudiar para el disfrute y beneficio de las generaciones actuales y futuras de personas consagradas a las ciencias de la salud y demás interesados en el tema.
Asimismo los resultados del estudio realizado a estas cuatro reliquias de la bibliografía médica cubana es parte de un esfuerzo encaminado a evitar que éstas se desconozcan o algún día se lleguen a olvidar.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

1. Odio de Granda G. Datos curiosos publicados en las primeras revistas médicas que se editaron en Cuba. Vida Nueva 1940;45(1):13-29.
2. Mena CA. Siglo XVIII. En: Historia de la medicina en Cuba. Ejercicio y enseñanza de las ciencias médicas en la época colonial. Miami: Ediciones Universal, 1993:79-99.
3. López Serrano E. Anales de la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana (1864-1958). RESUMED 1992;5(2):86-87.
4. Pérez Beato M. Impresores cubanos desde la fundación de la imprenta hasta el año de 1840. El Curioso Americano 1893;1(14):228-233.
5. ----. Una joya bibliográfica: el primer impreso cubano. El Curioso Americano 1910;4(5-6):136-140.
6. ----. La primera obra impresa en Cuba. Año 1723. La Habana: F. Verdugo, 1936:I-VII, 5-30.
7. Delgado García G. El primer documento impreso de la salud pública en Cuba. RESUMED 1988;1(1):151-153.
8. López Serrano E. Prensa médica en Cuba. Publicaciones del siglo XIX. Rev Cubana Adm Salud 1984;10(4):364-371.
9. Moro T. Cum veró affectus numerosi sint ciuque eorum sua est curationis Indicatio. Papel Periódico de la Havana 1793;(12):45-47.
10. Llaverías J. La primera publicación periódica de Cuba. En: Contribución a la historia de la prensa periódica. La Habana: Archivo Nacional, 1959;t2:176-180 (Publicaciones del Archivo Nacional de Cuba; 48).
11. López Sánchez J. Iniciador del movimiento científico. En: Tomás Romay y el origen de la ciencia en Cuba. La Habana: Academia de Ciencias. Museo Histórico de las Ciencias Médicas “Carlos J. Finlay”, 1964:53-137.
12. Romay T. Disertación sobre la fiebre maligna llamada vulgarmente vómito negro, enfermedad epidémica de las Indias Occidentales. Havana: Imprenta de la Capitanía General, 1797:1-49.
13. Costales M. Elogio del Dr. Tomás Romay. Cuad Hist Salud Pub 1964;(26):11-21.
14. Gutiérrez NJ. Noticias concernientes a la historia de la medicina en La Habana. An Acad Cien Med Fis Nat Hab 1885;22:461-469.
15. Roig de Leuchsenring E. Homenaje al ilustre habanero doctor Nicolás José Gutiérrez en el cincuentenrio de su muerte. Cuad Hist Hab 1941;(21):12-14.
16. Gutiérrez NJ, Zambrana R, Costales L. Introducción. Rep Med Hab 1840;1(1):1-2.