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Dr. Juan José Álvarez Franco Rodríguez (1712-1765)

Dr. José López Sánchez y Lic. José Antonio López Espinosa
Centro Nacional de Información de Ciencias Médicas

Entre los jóvenes cubanos que estudiaron la carrera de Medicina en los primeros tiempos de la Real y Pontificia Universidad del Máximo Doctor San Jerónimo de La Habana y se convirtieron tras su graduación en miembros de su claustro de profesores, aparece Juan José Álvarez Franco y Rodríguez quien, en una época de oscurantismo y atraso, resentida por la escasa preparación y la notoria insuficiencia de la enseñanza, figuró entre los médicos más destacados por sus aspiraciones de progreso y de amor a la ciencia en general y al trabajo docente en particular.
Hijo de Domingo Manuel Álvarez Franco y de Tomasa Rodríguez Machado, nació en La Habana en fecha no precisada del año 1712. Luego de graduarse de Bachiller en Artes el 13 de julio de 1729, empezó de inmediato a estudiar Medicina en la aún naciente Universidad, donde terminó los dos primeros cursos. A fines de 1730 se trasladó a México con el fin de culminar sus estudios y allí logró hacerse Bachiller en Medicina el 27 de junio de 1733. Las prácticas la realizó con el catedrático de la asignatura de Vísperas doctor Nicolás Flores y, al dispensársele por el Virrey el tiempo que le faltaba para cumplir los dos años de trabajo práctico, fue admitido a examen por el Tribunal del Protomedicato de aquella ciudad, en el que resultó aprobado nemine discrepante el 29 de marzo de 1934. Después de examinado regreso a su país y presentó su título al Cabildo habanero, previo el reconocimiento de éste por el Protomédico Louis Fontaine Cullembourg (1689-1736). El 14 de enero de 1735 fue admitido legalmente al ejercicio de la profesión. Ese mismo año realizó los ejercicios de los grados mayores; el 9 de noviembre obtuvo la muceta de Licenciado en Medicina y, ocho días después, la borla de Doctor. Sus argumentales fueron los doctores Fontaine, Ambrosio Medrano Herrera (1674-1753), José Melquiades Aparicio y de la Cruz (1702-1781) y José Arango Barrios Siscara (1701-1771).
Mucho antes de haber terminado su carrera universitaria, Álvarez Franco había reparado en la insuficiencia de los estudios previos que se exigían para matricular Medicina. Cuando concentró su atención en la materia médica, notó la falta absoluta de algunas asignaturas indispensables. La ausencia del estudio de las plantas medicinales desde el punto de vista botánico, a pesar de que en los campos de Cuba, cubiertos de exuberante vegetación crecían frondosos árboles, le hizo concebir la idea de iniciar en la Universidad la enseñanza de la Botánica, cuyo conocimiento debía abrir el camino para el estudio de la importante flora cubana, tanto desde el ángulo de la ciencia pura, como en sus aplicaciones a la industria, las artes, la agricultura y la terapéutica.
En el claustro que había tenido lugar el 15 de octubre anterior solicitó se le permitiera dar explicaciones de Botánica. Lamentablemente el acuerdo tomado respecto a esa petición fue que “no se erigiese ni crease la cátedra”. Así la decisión del claustro, integrado en su mayor parte por frailes, desconoció la importancia de la Botánica que experimentaba entonces una evolución favorable en los centros científicos de Europa y, además, chocó con la iniciativa de un joven dotado de amplia inteligencia y de nobles propósitos de abrir nuevos horizontes a la ciencia. Por otro lado, esto demuestra el atraso en que se encontraba en aquel tiempo la Facultad de Medicina y la oposición que se le hacía a cualquier iniciativa con tendencia al progreso del conocimiento y al desarrollo de las ciencias naturales, una característica muy propia del papel que desempeñaba la Orden de los Padres Dominicos en la Universidad.
En 1740 Álvarez Franco fue nombrado Ordenador de Marina de La Habana. Establecido como tal en el barrio de San Isidro, se dedicó al tratamiento de los enfermos que venían de las escuadras que tocaban el puerto.
A la muerte del doctor Francisco Teneza Rubira (1666-1742), fundador del Real Tribunal del Protomedicato de La Habana y primer Protomédico Regente, el Capitán General pidió la plaza de Protomédico Segundo para Álvarez Franco, ya que el doctor Medrano ascendía al cargo de Primero. A ello se opuso el doctor Arango Barrios en razón de tener más años de graduado y haber servido inclusive a ese Tribunal, a lo que accedió el Rey. En junio de 1943, el Gobernador y el Ayuntamiento acordaron conceder a su favor el nombramiento de Protomédico Tercero, lo que fue aprobado por Real Cédula de 11 de diciembre de ese año. El 24 de junio de 1744 asumió el referido cargo.
El 28 de octubre de 1951 hizo oposición a la cátedra de Prima (Fisiología) y la obtuvo. En su condición de Doctor en Medicina optó también por la borla de Maestro en Artes, la cual recibió el 28 de octubre de 1755. Un año después fue elegido Maestro de Ceremonias de la Universidad.
Durante el primer sexenio de su regencia en la cátedra de Prima logró algunos cambios en ella novedosos para la época, demostrativos de su sólida instrucción y de su decidido amor a la ciencia y a la enseñanza. Terminado ese primer sexenio hizo de nuevo oposición a la cátedra y la obtuvo de nuevo. Esa vez tomó posesión de ella en enero de 1758.
Tras la muerte del doctor Medrano, había ascendido al cargo de Protomédico Segundo el 18 de mayo de 1753, plaza que ocupó hasta su muerte ocurrida el 9 de enero de 1765. Un año antes de su deceso se le había concedido la jubilación, pues a los achaques de la vejez unía un gran deterioro mental que le impedía continuar trabajando.
Fue casado con Gertrudis Sánchez de Castro y gozaba de una posición muy sólida y de gran influencia entre las autoridades de la colonia. Figuró entre los médicos prácticos de más prestigio de su época por el vigor de su juicio y la rectitud de su criterio refinado por el estudio y la observación. Dejó pues en su paso por la vida el bello ejemplo de sus virtudes y talento.

BIBLIOGRAFÍA

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