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Dr. Lorenzo Hernández Marrero (1754-1832)

Dr. José López Sánchez y Lic. José Antonio López Espinosa 
Centro Nacional de Información de Ciencias Médicas

Entre los nombres de médicos cubanos de notable relieve durante el último cuarto del siglo XVIII y primero del XIX, figura el del doctor Lorenzo Hernández Marrero, nacido en 1754 en el barrio habanero de Jesús del Monte, como fruto de la pareja constituida por Antonio Hernández y Manuela Marrero. Aunque no aparece su expediente universitario ni su inscripción en el Cabildo, por una certificación se puede presumir su ejercicio de la profesión médica desde 1780, luego de haber recibido el grado de Bachiller en Artes en 1774 y en Medicina en 1778, aproximadamente.
Declarada en 1783 vacante la cátedra de Prima (Fisiología), que desempeñaba desde hacía seis años en la Universidad pontifica el doctor José Caro Pereira (1745-1808), se presentó Hernández como aspirante a su regencia el 4 de agosto de ese año. Su único opositor fue el también bachiller Ambrosio de Aragón. Luego de desarrollar cada uno su correspondiente tesis, Hernández alcanzó una ventaja notable sobre su contrincante, lo que lo hizo merecedor de la adjudicación de la cátedra por unanimidad, la cual ocupó el día 9 del mismo mes. Tanto por la brillantez de su tesis, como por el entusiasmo con el que dio sus primeros pasos en la docencia, demostró que si bien en aquellos momentos no poseía un gran caudal de conocimientos científicos, su gran pasión por la enseñanza le permitiría llegar pronto a adquirirlo. Ello quedó bien demostrado, pues fue el formador de hombres que con su esfuerzo generoso, su clara inteligencia, su extraordinario amor a la ciencia, al progreso y a su patria, se convirtieron luego en personalidades gestantes de una verdadera revolución en el contexto intelectual cubano. Por sólo mencionar dos de sus discípulos, baste citar los nombres de Tomás Romay Chacón (1764-1849) y de José Pérez Bohorques (1767-1839).
Hernández recibió la muceta de Licenciado en Medicina el 19 de agosto de 1783 y la borla de Doctor el 30 del propio mes. Ejerció la docencia con un entusiasmo que con el transcurso del tiempo se hacía cada vez mayor y la enseñanza que impartía resultaba cada vez de más beneficio para quienes la recibían. Los conocimientos que logró como catedrático se demuestran por el hecho de que al terminar en 1789 su sexenio en ese puesto, volvió a aspirar como oponente a la regencia de la misma asignatura, sin que nadie se atreviera a disputarle la plaza, que se le volvió a otorgar por votación unánime del jurado el 16 de febrero de ese año. Al declararse de nuevo vacante la cátedra, tras cumplir con éxito su segundo sexenio en 1795, se presentó otra vez como aspirante y otra vez la obtuvo por unanimidad. El 27 de septiembre de ese año tomó posesión de su querida cátedra de Prima por tercera ocasión.
Los fundamentos de los progresos aportados por el doctor Hernández al estudio de la Fisiología, no se reducen a las tesis que sirvieron de tema a sus conclusiones y a las de sus discípulos, pues a ellas hay que agregar el haber dado a conocer los trabajos de Hermann Boerhaave (1668-1738), Giovanni Battista Morgagni (1682-1771) y Albrecht Haller (1708-1777), que desde entonces se utilizaron en sustitución de los viejos textos de Hipócrates, Avicena y Galeno. Esto constituyó, sin dudas, una nueva etapa respecto a los conocimientos médicos en Cuba, en tanto exponentes de la cultura médica de la primera mitad del siglo XVIII.
El 18 de abril de 1795 se le expidió título de primer Fiscal del Protomedicato. En aquel tiempo ocupaba también el cargo de Practicante Mayor de Medicina en el Hospital San Ambrosio. El 21 de septiembre de 1798 se le otorgó el título de Protomédico Tercero; en 1713 actuó como Protomédico Segundo en sustitución del doctor Roque J. Oyarvide (175?-1820), incapacitado físicamente. En ese entonces era además Médico Consultor de los Reales Ejércitos. El 28 de agosto de 1821 fue nombrado Protomédico Regente.
Estuvo casado con Juana de Torres y residió durante casi toda su vida en la villa de Regla. Se trasladó a La Habana tras recibir su nombramiento de Protomédico Regente. Falleció en esta ciudad, a los 78 años, el 16 de diciembre de 1832.

BIBLIOGRAFÍA

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