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Dr. Vicente Antonio de Castro Bermúdez (1809-1869)

Lic. José Antonio López Espinosa
Centro Nacional de Información de Ciencias Médicas

Hijo de José Fernando de Castro y María de la Concepción Bermúdez, nació  en Sancti Spíritus el 24 de marzo de 1809. Tras estudiar las primeras letras en la escuelita de las hermanas Ana, Catalina y Candelaria de Trinidad, pasó al Real Colegio Seminario de San Carlos, donde se graduó de Bachiller en Artes el 23 de abril de 1824. Ese mismo año matriculó la carrera médica en la Universidad Pontificia y el 2 de abril de 1827 obtuvo el grado de Bachiller en Medicina. El 26 de noviembre de 1829, el Real Tribunal del Protomedicato le confirió el título de Cirujano latino. Alcanzó el grado de Licenciado en Medicina el 23 de febrero de 1837 y el de Doctor el 5 de marzo siguiente. Un año antes  había sido nombrado catedrático sustituto de Patología.
Castro abrió cursos públicos y gratuitos de Anatomía descriptiva en el Hospital San Juan de Dios, donde luego explicó también Anatomía topográfica, Anatomía comparada y Frenología. En 1837, luego de realizar notables ejercicios, le fue otorgada la cátedra de Anatomía en la Universidad, en la que se mantuvo como titular hasta el 24 de octubre de 1842. En agosto del ese año había puesto en circulación una revista médica titulada Boletín Científico, la segunda editada en Cuba después del Repertorio Médico Habanero, con la cual se fundió en octubre de 1843. Con la fundación de esa revista perseguía fomentar y popularizar los conocimientos teóricos y prácticos sobre la Medicina y las ciencias naturales.   
Hábil cirujano, practicó algunas operaciones de gran importancia en su época, como la talla hipogástrica, la corrección quirúrgica del estrabismo y la ligadura de arterias, entre otras. Pero, donde más brilló su talento como docente y brindó sus servicios más importantes a la enseñanza de la Medicina fue en la cátedra de Clínica médica. Fue él quien primero enseñó la práctica de la auscultación y la de la percusión como medios de diagnóstico, además de la Anatomía patológica. Raro era el día que no realizaba una autopsia para evidenciar su diagnóstico, con lo cual inspiraba la confianza a sus alumnos de que se podía diagnosticar con exactitud matemática.
Dominaba en propiedad el latín y aprendió por su cuenta el inglés y el francés, para mantenerse al día de los avances de las ciencias médicas y poder verterlos al castellano. En la enseñanza no conoció egoísmo alguno y para él significaba un placer dar a conocer a los demás lo que sabía. Ello quedó demostrado en las clases que impartía gratis en su hogar a alumnos que deseaban avanzar en los estudios médicos, a cuyo efecto distribuía los días de la semana para impartir clases de Obstetricia, Anatomía, Fisiología y Patología.
A esto hay que agregar su protagonismo en un acontecimiento que lo convirtió en gloria de América Latina, al haber hecho de Cuba el primer país de la región donde se practicó la anestesia quirúrgica el 11 de marzo de 1847, a sólo 80 días de haberse introducido en Europa.
El 25 de mayo de 1853 renunció a su cátedra, por el grave estado de salud de su esposa, que lo obligó a trasladarla a México, cuyo clima era favorable para su recuperación. Por otra parte, no estaba de acuerdo con la reconvención que el Gobernador y Capitán General Valentín Cañedo hizo del claustro de profesores, con motivo de un incidente producido por los estudiantes. Su renuncia fue aceptada por el referido Capitán General el 3 de junio siguiente.
Durante su estancia en México se inició contra Ramón Pintó una causa en la que se le acusaba de conspiración y en la cual salió a relucir su ideal separatista. Ello dio lugar a que el 17 de junio de 1855 se le impusiera condena de ocho años de presidio ultramarino. A su regreso a Cuba en 1863, la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana hizo justicia a los servicios por él prestados y lo nombró Socio de Mérito. Desde entonces se dedicó mayormente a la organización y propaganda de la masonería. 
Seis años después, el 12 de mayo de 1869, falleció a la edad de 60 años.

 

BIBLIOGRAFÍA 

Archivo Central de la Universidad de La Habana. Expediente administrativo 835. “Cátedra de Clínica médica. De 1842 a 1863”, folios 10-11, 13-14.
Cowley RA. Breves noticias sobre la enseñanza de la Medicina en la Real y Pontificia Universidad del Máximo Doctor S. Jerónimo. Habana: Imprenta y Librería de A. Pego; 1876. p. 204-205, 290-293.
López Sánchez J. Historia y evolución del uso de la anestesia quirúrgica en Cuba. Bol Col Med Camagüey 1947;10(1):16-54.
Rosaín D. Necrópolis de la Habana. Historia de los cementerios de esta ciudad. Habana: Imprenta “El Trabajo”; 1875. p. 443-449.
Trelles CM. Contribución de los médicos cubanos a los progresos de la Medicina. Habana: A. Dorrecker; 1926. p. 11, 102, 104, 153.