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El doctor José Antonio Bernal Muñoz y su memoria sobre el dengue

Enviado por: Lic. José Antonio López Espinosa
Centro Nacional de Información de Ciencias Médicas

El dengue es una enfermedad epidémica caracterizada por agudos síntomas, tras una incubación de tres a seis días a partir de su transmisión por mosquitos de las especies Aedes aegypi y Aedes albopictus.

Durante mucho tiempo esta afirmación, que hoy día es tan fácil de emitir, no se podía dar con tanta seguridad, por cuanto para los investigadores era un verdadero enigma el hecho de que numerosas personas presentaran cefaleas y dolores en los ojos, en los músculos y en las articulaciones; manifestaciones catarrales, erupciones cutáneas y tumefacción de las partes doloridas, todo en un mismo período y en un mismo punto geográfico. Esto conllevó abundantes conjeturas e hipótesis erróneas en relación con el origen del mal, hasta el descubrimiento de sus verdaderos agentes transmisores.

El doctor José Antonio Bernal Muñoz (1775-1853), un médico de origen dominicano radicado en Cuba a principios de 1794, gozó de muy buen concepto público, sobre todo por su labor en la esfera asistencial. Fue el primero en introducir en la isla el tratamiento indirecto de las enfermedades por medio de la leche. Fue también titular de la cátedra de Anatomía en la Pontificia Universidad de La Habana desde 1806 hasta 1809 y, entre otras funciones importantes, asumió las de cirujano en el Hospital de Paula y en el de la Marina, Fiscal del Protomedicato y Protomédico Regente. Con motivo de una epidemia que en 1827 invadió a Las Antillas e hizo gran estrago en La Habana, el doctor Bernal Muñoz publicó una Memoria sobre la epidemia que ha sufrido esta ciudad, vulgarmente nombrada el dengue, la cual es el tema de este comentario.

Después de un prólogo, donde en esencia recomendaba la conducta más adecuada a asumir por los médicos, las autoridades y la población en general ante la amenaza o el brote de cualquier enfermedad epidémica -basada siempre en la solidaridad humana para con los enfermos y en la consideración del papel del factor emocional colectivo en tal circunstancia-, el autor expresó sus puntos de vista en relación con la epidemia a la que dedicó su texto. En esta memoria, Bernal esbozó las distintas clasificaciones dadas a la epidemia, de acuerdo con los síntomas presentados por los pacientes (exantemas gástricas, gastroenteritis, etcétera), a las que hizo objeciones, en tanto eran contrarias a su criterio, sostenido en virtud de su experiencia y de sus observaciones personales del fenómeno. A su juicio, el dengue podía tener un origen ocasional o próximo y siempre relacionado con los factores atmosféricos o climáticos. De ahí sus recomendaciones para prevenir y curar los trastornos del mal.

En cuanto a su estructura, la obra es en conjunto un folleto de 26 páginas, dividido en acápites que abordan la clasificación de la epidemia, sus causas y su método curativo, además de ofrecer una serie de observaciones sobre las fuentes de contagio. Al final se observan 16 conclusiones en forma de proposiciones conformes a los juicios anteriores, que sugieren una orientación didáctica y ponen de relieve que Bernal, consciente de los criterios contrarios de sus colegas, se lanzó atrevido y audaz al estadio de la prensa a sostener y propagar los suyos en un texto que sitúa al lector en el contexto histórico de la época en que se redactó y permite, sobre todo a los consagrados a la Epidemiología y sus disciplinas afines, sacar conclusiones útiles acerca del pensamiento y la conducta de los precursores de la investigación epidemiológica en Cuba.

Es ahí justamente donde, en opinión de este redactor, radica el mayor valor de la obra reseñada, con independencia del que lleva implícito como rareza bibliográfica nacional en virtud del año en que se publicó.