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Julio 27 de 1734. Aprobación de los primeros Estatutos de la Universidad de La Habana

Autor: Lic. José Antonio López Espinosa
Centro Nacional de Información de Ciencias Médicas

Las primeras clases de Medicina de que se tienen referencias, se impartieron en Escuelas como las de Salerno y Montpellier. Más tarde fueron las Universidades las que asumieron los estudios médicos teóricos. Las más antiguas que se conoce fueron la de París (1111), la de Bolonia (1158) y la de Oxford (1167). En el Nuevo Mundo las primeras Universidades fueron la de Santo Domingo, autorizada por la bula de Pablo III del 28 de octubre de 1538 y la de San Marcos de Lima, por Real Cédula de Carlos I del 12 de mayo de 1551.
Aunque la Real y Pontificia Universidad del Máximo Doctor San Jerónimo de La Habana se inauguró mediante el Pase Real del 5 de enero de 1728, ya desde el 12 de enero de 1726 se había autorizado por el Prior del Convento de San Juan de Letrán Thomas de Linares la apertura de cursos de Medicina en ese mismo establecimiento; de lo que se infiere que fue ésta la primera rama de la ciencia que se enseñó en Cuba con carácter oficial. No obstante, fue luego de transcurridos algo más seis años de funcionamiento que se aprobaron los primeros Estatutos de la institución, por Real Cédula del Rey Felipe V de Borbón del 26 de julio de 1734. De acuerdo con estos Estatutos, además de las cátedras de Gramática, Artes, Teología y Sagrada Escritura que ya tenían en su convento de San Juan de Letrán los frailes dominicos, se oficializaron las de Matemáticas, Filosofía, Derecho Civil, Cánones y Medicina.
El personal administrativo de la Universidad habanera se integró a partir de ese momento por un Rector, un Vicerrector, cuatro conciliarios y un Secretario. Quedó asimismo establecido que la elección de Rector debía recaer en un religioso de la orden de los dominicos y debía verificarse cada 7 de septiembre, mientras que la de los demás funcionarios debía tener lugar el 12 del mismo mes. El claustro, formado por los catedráticos y los doctores de todas las facultades, era presidido por el Rector. Cada cátedra se proveía por oposición y quien la obtenía estaba obligado a servirla por un período de seis años, terminado el cual se declaraba la cátedra vacante y se formaba un nuevo expediente de provisión con sujeción al Reglamento.
Los cursos académicos tenían seis meses de duración y se inauguraban el 14 de septiembre de cada año. Al final de los cursos, los estudiantes debían acreditar su asistencia a clases mediante certificación expedida por el catedrático de cada asignatura y declaración jurada de dos condiscípulos. En vista de ello el Secretario hacía el correspondiente asiento en el libro de “juras de curso”. Terminados los estudios y previos los ejercicios de rigor, los estudiantes se podían graduar en las categorías de Bachiller, Licenciado y Doctor. Los diplomas, en el caso particular de los estudiantes de Medicina, sólo tenían valor académico y no autorizaban para ejercer la profesión por lo que, para la debida habilitación, los aspirantes debían recurrir a otro Tribunal de examen, formado hasta 1833 por el Protomedicato y, desde ese año hasta 1842, por la Real Junta Superior Gubernativa de Medicina y Cirugía.
Fueron estas las condiciones bajo las cuales funcionó la Universidad habanera, desde que se aprobaron sus primeros Estatutos en 1734, hasta 1842, año en el era Gobernador Superior Civil de la isla Don Jerónimo Valdés, quien propuso su reforma bajo nuevos Estatutos y Reglamentos que merecieron la aprobación de su Majestad en Real Orden del 24 de agosto de ese año. El objetivo principal de esa reforma fue secularizar el establecimiento mediante la supresión de las órdenes religiosas y su declaración como institución nacional, que debía estar sujeta a la inspección inmediata del Gobierno Superior con el fin de aumentar su prestigio. De acuerdo con estos nuevos Estatutos se crearon nuevas cátedras, se amplió el personal facultativo y se estableció la Facultad de Farmacia.

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