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Marzo 10 de 1855. Graduación de Carlos J. Finlay en el Jefferson Medical College de Filadelfia

Autor: Lic. José Antonio López Espinosa
Centro Nacional de Información de ciencias Médicas

A mediados del siglo XIX la ciudad de Filadelfia llegó a ser el centro médico por excelencia de los Estados Unidos de América, pues en ese tiempo se reunió allí la pléyade de lo que más valía y brillaba de esa nación en la docencia, la literatura y la ciencia. El Jefferson Medical College era entonces uno de los mejores centros de la enseñanza de la Medicina y en su cuerpo de profesores militaban eminentes médicos como Daniel Drake, primero que estudió en ese país las relaciones de las epidemias con las condiciones geográficas y botánicas y John Kearsley Mitchell, el primer estadounidense que sostuvo la teoría parasitaria de las enfermedades. Sus cátedras de Anatomía y Cirugía tenían gran prestigio y la presencia de Mitchell fue un factor decisivo en su reputación en el contexto clínico.
En 1853 un joven de 20 años nombrado Juan Carlos Finlay Barrés (1833-1915) viajó hacia Filadelfia para matricular en el Jefferson Medical College, donde recibió enseñanza médica, literaria y humanística. Durante los dos años que permaneció en esa institución hizo y mantuvo una gran amistad con Silas Weir Mitchell, hijo de John Kearsley Mitchell, quien fue su preceptor. La calidad del cuerpo docente, el libre acceso a la práctica hospitalaria y la posibilidad ilimitada de consultar todos los libros, revistas y demás documentos que necesitaba para el estudio individual y enriquecer su cultura general, hicieron de Finlay un médico competente y culto.
La preceptoría y amistad con Mitchell fue otro factor que influyó favorablemente en la formación médica de Finlay, si bien el primero era más erudito y concreto y el segundo más intuitivo y abstracto. El espíritu vivo y creador del norteamericano no dejó nunca de pensar en las posibilidades de la experimentación, hecho que con seguridad debió ejercer una influencia positiva sobre el cubano, igual que su sólida cultura humanística y su formación médica más integral.
Además de la acertada enseñanza recibida de sus profesores y de la magnífica tutoría de su joven preceptor, fueron de gran utilidad para la formación médica de Finlay las circunstancias favorables que, desde el punto de vista cultural, reinaban en la ciudad de Filadelfia, ansiosa de incorporarse a las corrientes más avanzadas del pensamiento científico y tecnológico. Todos esos factores nutrieron su intelecto de provechosos conocimientos, que quedaron demostrados, en primera instancia, la fecha de su graduación el 10 de marzo de 1855.
Ese día salió un graduado más de esa Escuela con el más elevado concepto de la ética y con los mejores elementos que la época le ofrecía para garantizar una práctica correcta de la profesión médica, capaz de aliviar no sólo con la acción de la droga, sino también con la habilidad de consolar al paciente y de mantener en él la esperanza. Ese egresado salió además dotado de los principios básicos para la investigación, que lo condujeron a descifrar el enigma que confundía y preocupaba a los científicos de su época respecto a la fiebre amarilla, mal que arrojaba cada año un considerable saldo a favor de la muerte. Todo el bagaje científico que llevó a Finlay a desentrañar éste y otros secretos desconocidos para la ciencia, se forjó pues en ese Colegio, donde se cultivó su mente, se guió su espíritu y se encaminó su vocación.
En el propio Jefferson Medical College se le considera uno de los alumnos más eminentes que ha pasado por sus aulas. En 1902 le confirió el grado honorario de Doctor en Ciencias. En esa misma época su amigo Silas Weir Mitchel lo propuso para la colegiatura honoraria de la institución y, en 1955, se acordó celebrar allí el primer centenario de su graduación con varias actividades que tuvieron lugar el 22 y el 23 de septiembre de ese año. Como parte de dicho homenaje, el Gobernador del Estado de Pensylvania, George M. Leader, dictó un Decreto en el que declaró “Día de Finlay” el 22 de septiembre. Los Senadores del Estado Leroy E. Chapman e Israel Shefield fueron más allá, cuando sugirieron al Senado el establecimiento del “Día de Finlay” como Ley con carácter permanente. Asimismo se celebraron un simposio científico y uno biográfico y una ceremonia solemne para develar un busto de Finlay, que se situó en uno de los salones principales del gran edificio de esa Universidad filadelfiana.
Los argumentos anteriores son más que suficientes para considerar el día de la graduación de Carlos J. Finlay en el Jefferson Medical College de Filadelfia como una fecha memorable de la medicina cubana, al igual que otras tantas efemérides vinculadas a la vida y obra del sabio cubano.

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