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Noviembre 18 de 1894. Una carta de Martí al Dr. Juan Santos Fernández

Autor: Lic. José Antonio López Espinosa
Centro Nacional del Información de Ciencias Médicas

En la vida de José Martí Pérez (1853-1895) hubo muchos amigos en sus distintas facetas de ejemplar patriota, maestro, poeta, escritor y periodista. Numerosas fueron las personas que llegaron a ocupar incluso un lugar especial en su corazón y, entre ellas hubo dos que se distinguieron en el orden afectivo y en la compenetración: Fermín Valdés Domínguez y Gonzalo de Quesada Aróstegui, sus “dos amigos del alma”. El primero de ellos fue médico y su nombre encabeza una extensa relación de galenos que mucho tuvieron que ver con la conservación de la salud del apóstol y/o que trabaron con él una estrecha amistad como partícipes de la lucha redentora.
La historia registra los casos de los doctores Carlos Sauvalle, su fiel compañero y amigo quien lo atendió durante su enfermedad en Madrid, al igual que Hilario Candela, quien lo intervino quirúrgicamente en la misma ciudad; José Álvarez Chacón, quien fuera su médico en New York; Eligio Palma Fuster, al que respondía “Cuba no puede esperar” cada vez que le aconsejaba reposo; Diego Tamayo, quien laboró con él en la emigración; Enrique Barnet y Eusebio Hernández, con los cuales compartió actividades revolucionarias; Juan Antiga Escobar, quien recién graduado y médico de la Trasatlántica Española fuera vehículo eficaz utilizado por el apóstol para el contacto con Cuba; Eduardo Agramonte Piña, calificado por él como héroe de la guerra; Ulpiano Dellundé Prado, quien fuera su delegado en Haití y en Santo Domingo; Ramón Luis Miranda, el médico que lo asistió durante los últimos años de su vida y Juan Santos Fernández, el médico de su adorada madre.
La relación de médicos que tuvieron vínculos con la vida del héroe nacional es aún más extensa. La anterior se ha traído a colación a modo de muestra y de introducción al objeto de este trabajo de poner de relieve un hecho ocurrido hace 108 años, exactamente el 18 de noviembre de 1894, en el cual estuvieron involucrados Martí y uno de sus amigos médicos, a saber, el doctor Juan Santos Fernández, el último de la lista de nombres registrados en el párrafo anterior.
El doctor Fernández, primer cubano que ejerció la Oftalmología y la consolidó como una especialidad independiente en la isla; el escritor científico más fecundo en idioma español de su tiempo y el fundador del laboratorio donde se prepararon y difundieron los primeros sueros y vacunas preventivas y curativas de la rabia en humanos y animales en América, conoció a Martí en Madrid durante su época de estudiante, cuando éste se encontraba allí como desterrado político.
Desde entonces no se volvieron a ver, hasta el 22 de enero de 1877 en que el apóstol fue a visitarlo a su consulta en La Habana, a fin de que le atendiera una afección ocular. Ese día el especialista le diagnosticó conjuntivitis catarral en ambos ojos y flictena conjuntival en el ojo derecho. Poco después de esa consulta, Martí tuvo que viajar de nuevo al extranjero y el médico lo volvió a perder de vista.
En mayo de 1886, durante la estancia del doctor Fernández en New York, para estudiar los detalles de la instalación del laboratorio al cual se hizo antes referencia, éste iba de pie en el centro de un tranvía por estar ocupados todos los asientos, cuando de pronto alguien que iba detrás de él le cubrió los ojos con ambas manos y le preguntó:

-¿Quién soy?
El médico respondió:
-Conozco tu voz como la mía; pero no me atrevo a decir quién eres.
El otro dijo descubriéndose:
-Soy Pepe Martí.
-Pues no te hubiera conocido. La última vez que nos vimos en mi consulta de la calle de
Neptuno 62 no tenías barba y, como soy tan mal fisonomista, conocí tu voz, pero no te hubiera conocido por lo variado que estás.

Se abrazaron la postrera vez, pues si bien mantuvieron correspondencia, no se volvieron a ver.
La última carta que recibió el doctor Fernández de Martí tenía por objeto agradecerle por la asistencia que desde hacía algún tiempo éste venía prestando a su querida madre y por la operación de cataratas que con posterioridad iba a practicarle.
En esa carta, cuyo texto íntegro se reproduce a continuación, el apóstol decía:
EL CAYO, 18 DE NOVIEMBRE DE 1894

AMIGO QUERIDO:

GOZO EN AGRADECER, Y EN SABER QUE EL VIAJE POR EL MUNDO NO HA LOGRADO SACAR LA PIEDAD DE TU CORAZÓN. SÉ LO QUE HACES POR MI MADRE, Y LO QUE VAS A HACER. TRÁTAMELA BIEN, QUE YA VES QUE NO TIENE HIJO. EL QUE LE DIO LA NATURALEZA ESTÁ EMPLEANDO LOS ÚLTIMOS AÑOS DE SU VIDA EN VER CÓMO SALVA A LA MADRE MAYOR.
TÚ NO NECESITAS DE MIS PALABRAS. TÚ SABES QUIÉN ES, Y CON QUÉ TERNURA TE QUIERE, Y RECUERDA TUS BONDADES, TU AMIGO

JOSÉ MARTÍ

Como se conoce, el héroe nacional cayó en combate el 19 de mayo de 1895, apenas seis meses después de haber escrito esta carta llena de amor y ternura a su amigo. En definitiva éste operó a Leonor Pérez de cataratas del ojo derecho el 14 de septiembre de 1896 y, del ojo izquierdo, el 13 de febrero de 1904.

BIBLIOGRAFÍA

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