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Noviembre 20 de 1900. Instalación del campamento Lazear

Autor: Lic. José Antonio López Espinosa
Centro Nacional de Información de Ciencias Médicas

Jesse William Lazear (1866-1900), uno de los cuatro integrantes de la comisión de médicos estadounidenses que, presidida por Walter Reed, confirmó los postulados del doctor Carlos J. Finlay Barrés (1833-1915) acerca del modo de transmisión de la fiebre amarilla por el mosquito Aedes aegypti, fue el único de ellos que desde un principio tuvo confianza en la veracidad de la teoría del sabio cubano. Precisamente Lazear asumió la función de inocular individuos sanos y aptos para adquirir la enfermedad, según había orientado antes Finlay. Lamentablemente, este investigador se convirtió en un mártir de la ciencia, al ofrendar su vida en aras de los estudios que luego demostraron la razón de la doctrina finlaísta.
De Lazear expresó el célebre médico cubano, doctor Francisco Domínguez y Roldán (1864-1942), padre de la Radiología en Cuba y uno de los más destacados luchadores por la reivindicación de Finlay:

«Los cubanos lo recuerdan con cariño y yo le rindo aquí el tributo de mi admiración y respeto. Por su culto a la verdad y el sacrificio de su vida a la causa de la Humanidad, su nombre quedará grabado con letras de oro junto al de C. J. Finlay, al pie del gran monumento científico de la extinción de la fiebre amarilla».

Con el objetivo de corroborar de modo definitivo el protagonismo del mosquito Aedes aegypti en la transmisión de la fiebre amarilla, Reed procedió a levantar una estación experimental, a la que le dio el nombre de campamento Lazear, en tributo a la memoria del compañero desaparecido. Este campo experimental, que comenzó a funcionar el 20 de noviembre de 1900, fue construido en el área donde antes se ubicaba la quinta San José, en uno de los extremos del actual reparto Pogolotti en el municipio Marianao de la Ciudad de La Habana. Allí se montaron siete tiendas de campaña, donde se alojaron 21 voluntarios, varios de los cuales se sometieron a las picadas de mosquitos previamente infectados, contrajeron la enfermedad y sobrevivieron a ella.
Los resultados de estos primeros experimentos despejaron cualquier duda en cuanto a que, como había demostrado Finlay con anterioridad, con la picada del mosquito se podía, además de reproducir a voluntad ataques de fiebre amarilla, lograr la inmunidad de los sujetos sometidos a la prueba. No obstante, la comisión de Reed se propuso indagar la posibilidad de otro medio de contagio aparte del insecto y al efecto ordenó construir dos pequeñas casetas de madera de 14 x 20 pies. En una de ellas, a la que se llamó caseta No. 1 o de los fómites, se ubicaron tres catres y se introdujeron mugrientas y pestilentes ropas de uso personal y de cama y otras pertenencias con sangre, saliva y excremento de individuos que habían sido víctimas de la fiebre amarilla. Un total de siete voluntarios permanecieron durante varios días hacinados bajo esas condiciones en la habitación, en la que además se instaló una estufa con mantenida temperatura tropical. Ninguno contrajo la fiebre amarilla, con lo que se desestimó toda probabilidad de que los fómites la portaran. La segunda habitación, llamada caseta No. 2 o de los mosquitos infectados, se dividió en su interior en dos partes separadas por una fina tela metálica. De uno de los lados se mantuvieron durante varias horas algunos voluntarios en condiciones higiénicas favorables y sin la presencia de mosquitos; mientras que del otro lado permaneció sólo un voluntario acostado en un catre por espacio de algo más de una hora expuesto a las picadas de 15 insectos infectados, que volaban libremente en el local. Este último contrajo enseguida la enfermedad y los que estaban del otro lado de la tela metálica mantuvieron su salud intacta.
Además de las mencionadas, en el campamento Lazear se realizaron otras pruebas con sangre total, suero fresco de sangre y sangre desfibrinada sin calentar de casos de fiebre amarilla. Todos estos experimentos sirvieron para confirmar de un modo definitivo los postulados de Finlay relativos al origen y a la evolución de las epidemias de fiebre amarilla, sobre todo en lo tocante a su forma de propagación, su período de incubación y su gravedad relativa. Otros aportes que hizo allí la comisión de Reed como resultado de sus estudios fueron demostrar la necesidad de un período mínimo de 12 días para que el mosquito esté apto para transmitir el germen infeccioso, tras picar a un enfermo de fiebre amarilla, y descubrir que el agente productor del mal es un virus filtrante, pues puede pasar a través de filtros de porcelana, por donde no pueden circular las bacterias más pequeñas.
De esta estación experimental, que funcionó desde el 20 de noviembre de 1900 hasta el 7 de febrero de 1901, existe aún la caseta No. 1, sitio donde se hicieron las pruebas de la posible contagiosidad sin la participación del mosquito, como testigo del histórico acontecimiento que significó la confirmación de la doctrina finlaísta. El local se declaró Monumento Nacional, por Decreto Presidencial No. 4363 del 3 de diciembre de 1947, gracias a las gestiones que desde 1944 venía realizando al efecto la Junta Nacional de Arqueología y Etnología, en coordinación con el Ministerio de Educación.
El 3 de diciembre de 1952 se inauguró un hermoso parque en la calle 61 entre 88 C y 90 en la barriada de Pogolotti, en cuya área central se destaca el histórico monumento, con un pedestal a la entrada que sostiene una placa donde se puede leer el siguiente texto:

“En este lugar en el año 1900, la comisión de médicos americana presidida por Walter Reed llevó a cabo los trabajos comprobatorios del descubrimiento del doctor Carlos J. Finlay de que el mosquito Aedes aegypti era el agente transmisor de la fiebre amarilla.
Diciembre 3 de 1952”.

En este escenario, bautizado con el nombre de parque Lazear, se honra de manera permanente la memoria del héroe norteamericano, la de Finlay, la de los voluntarios y la de los demás valientes y esforzados hombres que hace poco más de un siglo hicieron posible en ese mismo lugar la victoria definitiva contra el terrible flagelo que significó la fiebre amarilla.

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