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Tomás Romay y el primer libro sobre Medicina publicado en Cuba

Dr. Enrique Beldarraín Chaple Especialista de II grado en Epidemiología, Profesor del Departamento de Salud Pública. Facultad de Medicina “General Calixto García”. Investigador Agregado. Sección de Humanidades Médicas, Universidad Virtual de la Salud, INFOMED.
 
RESUMEN:
Este trabajo constituye la reseña del libro escrito por Tomás Romay en el año 1797 sobre la fiebre amarilla y que es considerado el primer libro médico publicado en Cuba. Descriptores DeCS: FIEBRE AMARILLA/historia; BROTES DE ENFERMEDADES; CUBA
El documento, (Formato PDF) que ponemos a la disposición de nuestros usuarios es la obra científica que inauguró la literatura médica nacional, obra del insigne médico Tomás Romay y Chacón, al que el desarrollo de nuestras ciencias médicas tanto le debe y en particular las esferas de la Higiene y la Epidemiología, sólo basta recordar el hecho de que fue el introductor en nuestro país de la vacunación, con la inmunización contra la viruela a principios del siglo XIX, en 1804, justo antes de que arribara a Cuba la famosa Expedición de la Vacuna, comandada por Francisco Xavier de Valmis, que enviada por el Rey de España, le dio la vuelta al mundo para llevar el pus vacunal y las técnicas de inmunización a las colonias españolas. Pero ya desde mucho antes de la publicación de la obra que nos ocupa Romay escribía en el Papel Periódico de La Habana artículos científicos y de divulgación de la medicina.

DESARROLLO

En el año 1797 es que vio la luz la famosa obra “DISERTACION SOBRE LA FIEBRE MALIGNA VULGARMENTE LLAMADA VOMITO NEGRO, ENFERMEDAD EPIDEMICA DE LAS INDIAS OCCIDENTALES.” , este año fue de capital importancia para la cultura científica de nuestro país, al mismo lo llamó el profesor José López Sánchez el “Año de la Eclosión Científica”, por la cantidad de obras que se publicaron a la vez en Cuba, como fenómeno inusitado, iniciando el despertar con fuerza del movimiento científico nacional, nucleado alrededor de la Sociedad Económica de Amigos del País, fundada en 1793 por el Capitán General Don Luis de las Casas y Aragorri (que gobernó de 1790 a 1796, quién fundó además la Junta de Agricultura y Comercio, El Real Consulado, la Casa de Beneficencia, el Jardín Botánico, una Cátedra de Matemática y varias escuelas de primeras letras) y bajo el influjo de hombres de mentalidad tan preclara como el Obispo de La Habana Don Juan José Díaz de Espada y Fernández de Landa (presidió la Sociedad Económica, fue además reformador del Seminario de San Carlos dotándolo de una Cátedra de Física Experimental, luchador contra la Filosofía Escolástica, junto a Tomas Romay llevó a cabo una de las medidas sanitarias más importantes de su época: sacar los enterramientos de las iglesias, y se construyo nuestro primer cementerio, en la capital, que llevó su nombre, impulsor de la vacunación en el país), el padre José Agustín Caballero, Francisco de Arango y Parreño, Francisco de Frías y Jacott, conde de Pozos Dulces, el joven presbítero Felix Varela y Morales, que ya daba sus primeros pasos en la escena pública cubana. En este “Ano de la Eclosión Científica” se publicaron obras de medicina, agricultura, botánica, agronomía, ellas fueron:
• “Disertación sobre la fiebre maligna llamada vulgarmente vómito negro”, de Tomás Romay y Chacón.
• “Oración inaugural en elogio de la cirugía”, de Francisco Xavier de Córdova.
• “Ensayo sobre la utilidad de la química”, de José Estevez Cantal.
• “Discurso sobre las buenas propiedades de la tierra bermeja para el cultivo de la caña de azúcar y sobre su excelencia respecto a la tierra negra en determinadas circunstancias”, de Morejón y Gato.
• “Mejor modo de fabricar azúcar”, de Martínez y Campos.
• “Disertación sobre algunas plantas cubanas”, de Baltasar María Moldó.
• “Memoria sobre la cría de abejas”, de Eugenio de la Plaza.
Romay, en el texto citado lo inició con un breve panorama histórico de la enfermedad, los primeros sitios en que se presentó en el Caribe, principalmente en sus islas y relaciona el inicio de algunas de nuestras epidemias con el arribo de barcos procedentes de zonas con brotes de la enfermedad.
Hizo un análisis exhaustivo de las condiciones climáticas y entre las causas del vomito negro, mencionaba al clima como causa externa productora del mismo, “Algunas regiones hay tan cálidas como la América, otras más húmedas, en las primeras el exceso del calórico produce enfermedades inflamatorias, en las segundas reina la inercia y la atonía, con ellas la putrefacción y los demás. Reuniéndose en la América el calor y la humedad en un grado muy intenso..... un morbo producido por ambas cualidades, sea inflamatorio y pútrido, tal es el vomito negro”.
“Nuestros pueblos están casi todos rodeados de bosques y aguas estancadas. De esta se eleva continuamente una densa nube de vapores húmedos, en aquellos detenido el aire, se impregna de los hábitos que exhalan las plantas y maderas corrompidas, hasta que arrojándole los vientos impetuosos se introduce en la atmósfera que respiramos. El ardiente calor de estío podría disipar estas humedades, pero como las lluvias no son menos copiosas en esta ocasión que en el otoño, anegada la tierra se levantan sobre ella más átomos húmedos que los que pueden resolver el calor del sol. De aquí nuevas lluvias sobre estos vapores. Entre tanto el hombre colocado en medio de este recíproco contraste de los astros y elementos, experimenta los efectos de su acción y reacción”.
Estaba muy lejos aun en el tiempo la solución del problema etiológico de la fiebre amarilla y el papel vectorial en la transmisión de la misma, pero por supuesto, en verano y época de lluvias proliferaban los mosquitos y eran mas frecuentes la presencia de la enfermedad en la población. Hubo que esperar casi un siglo hasta que el doctor Carlos J. Finlay Barrés, en 1881 presentara su famoso trabajo “El mosquito hipotéticamente considerado como agente transmisor de la fiebre amarilla” para que empezara a incidir la luz sobre la etiología de la fiebre amarilla, hecho que comprobó más tarde los trabajos de la IV Comisión Militar Americana para el Estudio de la Fiebre Amarilla, que laboró en nuestro país en 1900, y que refrendó la práctica al ejecutarse la campaña sanitarias con la Doctrina Finlaísta en 1902 que se logró erradicar la fiebre amarilla de nuestro territorio.